MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

La Compañía: razones para leer sus libros

12.15.2008
fuente: universidad de iowa

La editorial La Compañía, cuyos libros acabo de recibir y devoré de un solo bocado el dedicado a la Lolita de Nabokov, por Nina Berberova, le pidió a una serie de lectores-amigos que digan por qué es una buena idea regalar libros de esa editorial en Navidad. A ver si los convencen:

Porque hay vida (y belleza) más allá del mercado

Porque detrás de los libros hay libros: los borradores de Chéjov, los sueños de Nabokov, la cándida acidez de Austen y las chicas inglesas.

Porque siempre vale la pena regalar algo que te puede cambiar la vida.


Jorge Lanata


Porque regalar un libro es un acto de amor que requiere dedicación y pensar en el otro. Y si el libro es de la Compañía, no hay error posible: el catálogo es excelente tanto en narrativa como en ensayo. Gracias a ellos descubrí a William Goyen, un autor maravilloso para leer y disfrutar.

Natu Poblet


Porque siempre he creído que no hay nada mejor para el verano que proveerse de un buen libro. Y es igualmente bueno regalarlo: evita la tontería de los objetitos estúpidos y crea una relación: el que lo regala piensa que su destinatario es un semejante y no hay nada comparable a la alegría que eso despierta.


Porque los libros que editó este año La Compañía, en un desafío, son como para desencadenar oleadas de placer de lectura.


Porque Jane Austen, con esa mezcla de contenido erotismo e inteligencia narrativa, no sólo muestra en Lady Susan algo de la problemática cultura victoriana sino que pone a la pasión amorosa en un primer plano, mujeres sensibles que se pueden poner muy duras, desengaños que hacen aprender en una prosa desprejuiciada y envolvente.


Porque, en el caso del Cuaderno de notas de Antón Chéjov, es emocionante encontrarse con una prosa de rara melancolía y de profunda investigación sobre lo que podemos llamar el “alma humana”. Chéjov siempre vive: tenue, sutil, inteligente, doloroso. Leerlo es quedarse tomado, contagia su felicidad de la tristeza.


Noé Jitrik


Porque los libros te abren la cabeza.

Porque desarrollan tu imaginario.

Porque te hacen más rico como persona.

Porque te acompañan como nada cuando estás solo.

Porque llenan espacios para que la ansiedad no te devore.

Porque no hay que enchufarlos ni llamar al service.

Porque se pueden llevar a la cama.

Porque son bellos.

León Gieco

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Berberova sobre Nabokov

10.30.2008
Carátula del libro. Fuente: La Compañía

Todo el que ha leído el blog de Eduardo Berti sabrá que es un exquisito buscador de joyitas literarias. Berti es maravilloso para encontrar la alusión perdida, el libro empolvado al fondo de la biblioteca, el autor olvidado por las listas. Por eso no es de extrañar que la editorial en la que participa, La Compañía, publique textos maravillosamente extraños. Uno de los últimos, que será lanzado en noviembre, es Nabokov y su Lolita un texto escrito ni más ni menos que por la frágil y célebre escritora rusa Nina Berberova. En el ADN cultural adelantan algo del texto en el que Berberova se atreve a preguntarse ("en plena conciencia de mi responsabilidad") si Nabokov puede ser considerado un escritor ruso:

En estos últimos veinte o treinta años de literatura occidental, o para ser más precisos, en la cumbre de esa literatura, ya no existen novelas "francesas", "inglesas" ni "estadounidenses". Lo mejor que se publica hoy día es internacional. No sólo se lo traduce inmediatamente a otros idiomas, sino que a menudo se lo edita desde un primer momento en dos lenguas y –por sobre todo– no es raro que se lo haya escrito en una lengua distinta de aquella en que debería habérselo escrito. Ya había habido, en el siglo XIX, escritores así, pero las razones por las que Conrad nunca escribió en polaco, sino directamente en inglés, no son exactamente las mismas que llevaron a Wilde a escribir en francés o a Strindberg en alemán. En ese sentido, Wilde y Strindberg son los verdaderos precursores de nuestros actuales escritores cosmopolitas. En su tiempo, si hubiera dominado la lengua francesa a la perfección, sin duda Joyce habría escrito Ulises en francés, a semejanza de lo que hace Beckett hoy. Pero a nadie se le ocurrió nunca preguntarse: ¿se perdió Beckett para la literatura inglesa? Está allá, está aquí. En definitiva, ya no se trata de lengua, ésta ha dejado de cumplir el papel estrechamente nacional del que podía estar investida hace ochenta o cien años, las fronteras de las lenguas europeas se borran poco a poco y es probable que de acá a un siglo... Pero ése es otro tema.

¡Cómo son las coincidencias en esta vida! Justo estaba escribiendo este post y me llega un generosísimo email de Eduardo Berti preguntándome cómo me puede hacer llegar algunos libros de "La Compañía". Como el único amigo que tengo en Argentina es Pedro Mairal, y dudo que él viaje a Lima dentro de poco y la verdad es que incluso si viajase a Mairal lo creo muy capaz de chingarme los libros, te mando mi dirección en Lima y un abrazo Eduardo.

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