El derecho al pataleo (por twitter)
7.07.2009El tema de la crítica literaria es de largo aliento y de ramificaciones insospechadas. Hay quien dice que la crítica tradicional agoniza o está en retirada, y otros acusan que la más genuina transita por los blogs. No sé cuál será el futuro del género, pero en los últimos días registré algunas vibraciones de su presente. Aunque para ser más exacto, lo que leí es un contrataque a una crítica que rodó como bola de nieve gracias a la red social de moda que le dio hospedaje: Twitter. Todo empezó el 28 de junio, cuando el Boston Globe publicó el comentario de la novela The Story Sisters de Alice Hoffman, firmada por una colaboradora free-lance, Roberta Silman. Una reseña más, tan subjetiva como cualquiera, acompañada por un título poco alentador: "Una críptica saga de hermanas, retorcida por un crimen atroz".A la escritora no le gustó nada lo que se comentaba de su libro, y con la sangre todavía hirviendo en las venas se mandó a su página en Twitter (que luego dio de baja) y escribió: "Ahora cualquier idiota puede ser un crítico. Los escritores suelen reseñar escritores. Mi segunda novela fue reseñada por Ann Tyler. Entonces, ¿quién es Roberta Silman? Hoffman se ajustó a los 140 caracteres que le permitía la taquillera red social. Le bastaron para armar un revuelo de proporciones. The New York Times, The Guardian y Los Angeles Times, entre decenas de otros medios y blogs, se hicieron un festín con el asunto. Me pregunto por qué no hay tradición entre los escritores de responder a las reseñas sobre sus obras. Más allá de que Hoffman se fue de boca cuando sangraba por la herida, ¿habría que darle voz a los autores para defender su trabajo frente a los críticos? ¿Deben permitir que sus libros se impongan -o no- por el boca a boca amateur? ¿Son los lectores los que tienen la última palabra? Y en ese caso, ¿dónde ubicamos los millones recorridos por los libros de Paulo Coelho o Dan Brown? ¿Tienen los blogs o las redes sociales la última palabra frente a la crítica especializada?
La noticia incluso rebotó en "The Guardian" donde se lee:
UCL's professor of English, John Mullan, thinks we can "expect more of the same. People complaining on Twitter is a safety valve." But despite the immediacy - and accountability - the internet offers, "a dignified silence is best" following a negative review says philosopher AC Grayling. (He was recently the victim of an outraged online response from novelist Charlotte Greig after he said that the best thing about her debut, A Girl's Guide to Modern European Philosophy, was its title.) Controversial award-winning children's author Melvin Burgess, who saw his novel Doing It described as "vile [and] disgusting" in the Guardian, agrees. "I've managed to resist temptation [to respond] so far," he says. "You'd just come out of it with no dignity and your pants in tatters."
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