MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

No te rindas, Thomas, no te rindas

barandilla. Fuente: escueladeforja

Gracias a la edición De Bolsillo junto con Lengua de Trapo, titulada Todo como antes, pude cumplir mi deseo (antes expuesto aquí) de leer el primer libro que publicó el escritor noruego Kjell Askildsen (a quien admiro profundamente), el libro de cuentos Últimas notas de Thomas F. para la humanidad. Se trata de cuentos breves que tienen un personaje en común, Thomas, un anciano huraño, lúcido, ajedrecista, descreído. El don de la observación es lo que resalta. Una observación aguda, envenenada y directa como una flecha. Un ejemplo: luego de la muerte de su esposa, decide vender la ropa de ésta y con eso quedan dos armarios vacíos. Luego, decide vender lo armarios. La observación que hace terminada la operación es simple y rotunda: "antes tenía dos armarios vacíos, ahora lo que tengo es una habitación vacía". No se necesita más. Así escribe Askildsen. Así razona. Pensé en hacer una reseña, pero sería insuficiente, sobre todo porque no es demasiado conocido en castellano. Mejor les transcribo uno de sus cuentos. Aquí se explica todo por sí mismo:

Punto de apoyo



Hace unos meses vino a verme mi casero. Llamó tres veces a la puerta antes de que me diera tiempo a abrir, y eso que fui lo más rápidamente que pude. No podía saber que era él. Por aquí viene muy poca gente, casi todos los miembros de sectas religiosas que me preguntan si estoy en paz con Dios. Me produce cierto placer, pero nunca les dejo pasar de la puerta, pues la gente que cree en la vida eterna no es racional, no se sabe lo que puede llegar a hacer. Pero esta vez era, como ya he dicho, el casero. Le había escrito hacía casi un año para informarle de que la barandilla de la escalera estaba rota, y pensé que venía por eso, así que le dejé entrar. Miró a su alrededor. “Vive usted bien aquí” dijo. Era una afirmación bastante tendenciosa, que me hizo ponerme a la defensiva. “La barandilla de la escalera está rota” dije. “Sí, ya lo he visto ¿La rompió usted?” “No ¿por qué yo?” “Supongo que es el único que la usa, porque, aparte de usted, solo vive gente joven en este portal, y no creo que se haya roto sola, ¿no?” Era obviamente una persona intratable y no quise entrar en ninguna discusión con él sobre cómo y por qué se estropean las cosas, de modo que dije escuetamente: “Como usted diga, pero yo necesito esa barandilla, estoy en mi derecho”. No contestó nada a eso, a cambio, dijo que subiría el alquiler un veinte por ciento a partir del mes siguiente. “¿Otra vez? –dije- y un veinte por ciento nada menos” “Debería ser más –contestó- esta finca no produce más que pérdidas, pierdo dinero en ella” Hace mucho que dejé de discutir de economía con personas que dicen perder dinero con algo de lo que podrían haberse desprendido hace treinta años, de modo que no dije nada. Pero no le hizo falta argumento alguno para seguir con el tema, es de ese tipo de personas que funcionan solas. Se puso a disertar sobre todas las demás fincas que también daban pérdidas, resultaba lamentable escucharle, debía ser un capitalista muy pobre. Pero no dije nada, y por fin cesaron las lamentaciones, ya iba siendo hora. En cambio me preguntó, sin ninguna razón aparente, si creía en Dios. Estuve a punto de preguntarle a qué dios se refería, pero me limité a negarlo con la cabeza. “Pues tiene que hacerlo” dijo, así que después de todo había dejado colarse a uno de ellos en mi casa. En realidad no me sorprendió, pues es bastante corriente que la gente con muchas propiedades crea en Dios. Ahora bien, no quise darle pie para que pasara a otro tema, pues había tomado la firme determinación de no dejar pasar a los evangelistas de la puerta, de modo que no lo dejé seguir. “Así que sube el alquiler un veinte por ciento –dije-, presumo que ese es el motivo de su visita”. Al parecer, mi resistencia le pilló de sorpresa, pues abrió y cerró la boca un par de veces sin que saliera de ella sonido alguno, algo, me imagino, poco corriente en él. “Y espero que se ocupe de arreglar la barandilla”, proseguí. Se puso rojo. “La barandilla, la barandilla – dijo impaciente-, vaya lata que está dando con la barandilla” Me pareció muy mal que dijera eso y me irrité: “Pero ¿no entiende usted –dije-, que en algunas ocasiones esa barandilla es mi punto de apoyo en la vida?” Me arrepentí nada más haberlo dicho, pues las formulaciones precisas deben reservarse para personas reflexivas, si no, pueden surgir complicaciones. No tengo fuerzas para repetir lo que me dijo, pero en su mayor parte trataba del más allá. Al final añadió algo sobre estar con un pie en la tumba, se estaba refiriendo a mí, y entonces me enfadé: “Deje ya de molestarme con su economía” le dije, porque en realidad era de lo que se trataba. Como no se disponía a marcharse, me permití dar un golpe en el suelo con mi bastón. Entonces se marchó. Fue un alivio, me sentí contento y libre durante unos cuantos minutos, y recuerdo que me dije a mí mismo, para mis adentros, claro: “No te rindas, Thomas, no te rindas”

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9:10 p.m.

Muy hermoso!    



5:09 a.m.

Está buenísimo el cuento de Kjell Askildsen, no lo conocía. Tan justamente estoy teniendo problemas con el que me alquila la casa tras haberse estllado la cañería!!! Tuvo que reponerla entera y ahora reniega de tapar los huecos que dejaron los albañiles, siempre reniega de la economía y, por supuesto, es un hombre con casa propia, dos casas extras en alquiler y varias hectarias de campo. jajaja
Saludos    



8:56 a.m.

DOS PEPITAS DE ORO

"es bastante corriente que la gente con muchas propiedades crea en Dios". "las formulaciones precisas deben reservarse para personas reflexivas, si no, pueden surgir complicaciones".
AMERICO PREPUCIO (Cartógrafo)    



2:48 p.m.

un misántropo simpático... muy sospechoso...    



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