MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

César Silva Santisteban, premio John Barry

César Silva Santisteban. Fuente: moleskine

Una buena noticia de la que me enteré hace poco (a diferencia de algunos que andan por aquí, ejem, ejem, el autobombo no es una virtud del querido César) es que el narrador peruano César Silva Santisteban ganó en setiembre del año pasado el prestigioso John Barry Award for New Fiction in Spanish por el cuento titulado "Anatomía". César, quien tiene un estupendo blog que lamentablemente no actualiza demasiado, publicó en el 2004 un libro titulado Fábulas y antifábulas en la fenecida serie Ficciones del Fondo Editorial de la Universidad Católica. Actualmente, estudia un master en Creative Writer en la Universidad del Paso. El cuento ganador es extraordinario, algo que no sorprenderá a quienes han seguido su trayectoria que incluye, por cierto, la poesía. Les dejo los primeros párrafos:

‘Los cadáveres frescos están allí detrás’, dijo el loco Vizcarra. Se refería a lo que nosotros llegamos a conocer como La Bañera, un sitio siempre húmedo donde se apilaban los cuerpos para que, en orden de llegada, limpiaran sus venas y arterias de sangre y, a cambio, las empaparan con formol diluido. Aquel comentario no venía a cuento y, como tal, lo ignoramos. Quizá se debía a los nervios, pero lo último que se nos hubiera ocurrido es que el loco tuviera miedo. Estrambótico, cínico y tosco en casi todo lo que decía y hacía, Vizcarra en el fondo era un tímido que se relajaba de sus aprensiones mediante la provocación.

Estábamos dentro de la facultad de Medicina y eran las dos de la mañana de un viernes de octubre. Nos habíamos escondido seis horas atrás en el Jardín Botánico, frente a Farmacología, y tuvimos que soportar el paso del tiempo debajo de unos pequeños robles antes de salir de allí. Calculamos que cada uno de los guardianes estaba en esos momentos muy lejos, apoltronado y adormilado en una de las cuatro casetas próximas a los portones de metal que daban a las calles laterales y a la avenida Grau. Por suerte, no anduvimos con problemas.

La luna estaba linda, lo más parecida al borde convexo de una uña. Varias nubes cubrían la mayor parte de estrellas y, para la época, no se dejaba sentir mucho frío. Caminábamos evitando los faroles, apartados de las aceras, pegados a los muros de los distintos edificios y ensombrecidos aun más por los ficus, los arces y las casuarinas. Al cabo de unos minutos por fin llegamos hasta el anfiteatro de Anatomía. La puerta trasera estaba con candado, pero eso no representó ningún problema para el flaco Subauste, cuyo abuelo se había ganado la vida como cerrajero y con el cual había aprendido desde muy chico a limar llaves y a soltar los cerrojos con ganchitos para el cabello. Le tomó un par de minutos debido a la oscuridad, ya que habíamos decidido no encender las linternas allá afuera. ‘Listo’, dijo el flaco. ‘Apúrense.’ Y a su orden entramos los otros cuatro: Vizcarra, el sapo Vásquez, Silva y yo; el flaco nos siguió en cuanto hubo puesto de nuevo el candado en su sitio. (...)

Para leer el cuento completo, hacer clic aquí.

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3:22 p.m.

¿La alusión directa al autobombo es a César Gutiérrez? No se entiende bien tu comentario porque la vez pasada te referiste a Gutiérrez como "querido". Haznos el favor de aclararlo, Iván. Gracias.    



3:29 p.m.

No, me refiero a mí mismo:

http://notasmoleskine.blogspot.com/2008/12/autombombo-una-explicacin.html

saludos

IVAN    



4:35 p.m.

Ok Iván. Gracias por el aclare. Saludos. RR    



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