MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Reseña en El Cultural de Un lugar llamado Oreja de perro

Reseña en El Cultural. Fuente: moleskine

Un amigo escritor (que no es peruano, por cierto) me decía que, aunque saliesen mil críticas positivas de sus libros en medios de enorme prestigio y hecha por críticos atendibles, bastaba que un periódico perdido de por ahí publique una reseña mala, escrita quizá por un anónimo cualquiera y con pésima redacción, para gritar que fue un error publicar ese libro y sentirse pésimo. Me sucede algo similar. Cuando recibo críticas duras o simplemente frías, o con moderado entusiasmo, me parece que tienen que ver conmigo incluso si son obviamente prejuiciosas o absurdas. Pero cuando leo algo sumamente elogioso, me parece que están hablando de otra persona. Leo ahora la crítica de Ernesto Calabuig en El Cultural de "El Mundo" y me quedo mudo, preguntándome: ¿Quién será ese Iván Thays del que están hablando? Me gustaría leer su libro. Copio la más que generosa reseña aquí:
A diferencia del año pasado con el inefable Antonio Ortuño, ha tenido este año el premio Herralde un finalista no sólo digno, sino extraordinario, en la figura de Iván Thays (Lima, 1968), autor, con razón, respetado y admirado por sus compatriotas Mario Vargas Llosa o Alonso Cueto. Muy buena tiene que haber resultado a ojos del jurado la novela ganadora (del mexicano Daniel Sada) para imponerse a la rotundidad literaria de una obra tan brillante, lúcida y conmovedora como este Un lugar llamado Oreja de Perro. En ella se cuenta la historia de un reportero de revista (con un “glorioso” pasado de presentador televisivo) que recibe el encargo de trasladarse junto con su fotógrafo Scamarone a las irrespirables alturas de un poblado deprimido del Perú para cubrir allí la información de una visita del presidente Toledo (ya en horas bajas) en el marco de su “programa social” y de una Comisión de la Verdad sobre la vulneración sistemática de los Derechos Humanos que tuvo lugar desde los años ochenta. Una obsesión preside el libro y la mente del protagonista: el mal y la crueldad de la que los hombres son capaces, pero también un deseo, un lema, una rebelión: la no aceptación de que el horror y el dolor se instalen entre nosotros como datos consabidos o leves costumbres soportables. Desde el albergue de esa aldea opresiva situada a más de tres mil metros de altitud, tomada por policías y militares que inspiran más miedo que seguridad (son precisamente los verdugos de esos “cholos”), la delegación de periodistas aguarda al gobernante que no acaba de llegar. El tiempo de esa espera dará para que, mediante una entonada evocación, comprendamos que ésta es realmente la historia de dos pérdidas, no sólo la padecida por aquella población, sino otra mucho más personal e íntima, irreparable, insuperable en la vida del protagonista: su hijo Paulo, que –como se detalla en un conmovedor relato– murió de repente con sólo cuatro años. Sabremos también, desde esas altitudes inhumanas, que su actual mujer, Mónica, la madre de aquel niño, está en trance de separarse de él, e incluso tal vez ya lo haya abandonado. Y de ahí, al descubrimiento de la vulnerabilidad personal y a una magistral disección de la culpa y de la memoria como “espía” implacable y despiadada. La culpa que uno se arrastra en adelante hasta desfigurarnos y volverlo todo vano.


Un texto, en definitiva, detallado e intenso, lleno de dramatismo pero también salpicado de pasajes de humor. Construido con la prosa madura y segura de un narrador sólido, que sabe atender a los registros del habla y apuntar al núcleo de las cosas hasta estremecernos. Novela terrible, sí. Y en la misma medida hermosa.


Obviamente, para los anónimos que pululan por ahí, Ernesto Calabuig debe ser algo así como mi padre disfrazado, un jugador de winning eleven bajo seudónimo, mi amante o alguien a quien le he pasado dinero. La verdad es que no tengo el gusto de conocerlo y eso es lo único que no me sorprende de toda la reseña: en literatura, los más grandes regalos se reciben siempre de aquellos que uno no conoce. Y eso lo sabemos todos los escritores del mundo. En todo caso, le agradezco mucho sus palabras y espero realmente que mi libro esté a la altura de ellas.

Alejandro Zambra me comentó la vez pasada que Alvaro Enrigue siempre repite el lema del Atlás de Guadalajara: "¡Con el Atlas, aunque gane!" Ese será también mi lema a partir de ahora.

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11:58 a.m.

Les jodiste su Navidad, Iván, a los que te odian hasta el epitelio más recóndito.Te voy a demandar porque eso de joder quiero que sea atribución exclusiva mía.
JODEDOR.    



1:54 p.m.

Estimado Iván Thays. Soy el autor de tu reseña. Es cierto que no soy ni tu padre ni tu amante, aunque sí he cobrado por hacerla (pero no de ti, lo juro). Como bien dices, no nos conocemos, pero he disfrutado realmente mucho leyendo tu libro y en el artículo me he limitado a leerte con seriedad y a hacerte justicia. Acabo de publicar ahora un libro de relatos en Menoscuarto Editorial titulado "Un mortal sin pirueta". Te adjunto aquí el enlace de mi blog por si te apetece echarle un vistazo:


http://www.blogernestocalabuig.blogspot.com/

Un saludo.    



2:20 p.m.

Hola Ivan, supongo que a ningun escritor debe gustarle una critica negativa (por aquello de la vanidad, con o sin disciplina ;-)).
Pero cabe distinguir la critica de los comentarios envidiosos y de mala leche. Eso no tiene por que afectarte, tambien por aquello de ladran Sancho, señal de que avanzamos.    



2:43 p.m.

Pues, lo del regalo me gusta, la reseña es elogiosa, aunque no sé si amable; los anónimos dan risa, claro, cuando no insultan. La vida es lo que es. Suerte.    



5:38 p.m.

Parece que tus amigos también deberían adoptar ese lema.    



6:11 p.m.

Ernesto Calabuig es tu seudónimo Ivan. Eso de que Vargas Llosa te admira es un exceso impresionante.
Serena a tus criticos muchacho. En estos tiempos de yo te elogio, tú me elogias los lectores no somos tontos.    



5:27 a.m.

Prueba de que el reseñista es imparcial y de que, incluso, te quiere poco, es la foto que escogió. Se maleó.    



8:13 a.m.

Ojala pueda encontrar la novela aqui en los EU, en realidad la seccion de libros en castellano de cadenas importantes como Borders o Barnes&Noble, es bastante pauperrima, aunque se encuentran algunos libros de las editoriales Planeta(tambien una especie de consorcio librero llamado HarperCollins/Rayo/Planeta que tiene algunas cosas interesantes) y Alfaguara. Cuando veo un libro de Anagrama -evento bastante inusual-(de compacto o amarillo) es pues carisimoy ademas casi no los hay.
Para el señor Herralde: señor Herralde hable con su encargado de ventas en Barcelona y digale o insinuele que establezca un contacto serio con estas cadenas de venta de libros para ver la posibilidad de YA venderles una buena cantidad de libros de ficcion, sobre todo en los estados de influencia hispana que son: Florida, Nueva York, Texas, Nuevo Mexico, Arizona, California. Ahi nomas tiene un mercado inmenso! Sobre todo que envie los Compactos Anagrama que son mas accesibles para el gran publico lector.

Por lo demas, espero su libro Ivan y felicitaciones desde EU.    



7:12 p.m.

Ojala pueda ir a Oreja de Perro como lo menciono antes, y llamar la atencion sobre las terribles condiciones en que aun se encuentra abandonada por el Estado y la sociedad.    



8:53 a.m.

bacan, iván, tu reseña. Espero que las críticas negativas que recibirás -porque ya leí tu novela, y las vas a recibir- también las postees con la misma minuciosidad con la que comentas esta reseña elogiosa.

K.    



12:48 p.m.

Muchas gracias, Ernesto por la lectura, por tu reseña tan elogiosa, y por entrar a Moleskine. No nos conocemos, pero espero que podamos hacerlo cuando vaya a Madrid, probablemente en agosto.

Mientras tanto, no te recomiendo que vengas a Lima hasta en un par de años. Muchos acá te han declaro Persona Non Grata

un abrazo

IVAN    



12:51 p.m.

Desde luego que NO voy a postear esas reseñas negativas, K., tengo que dejarle algo de material a los blogs que se mueren de ganas de que me vaya mal y esperan (y promueven) esas críticas con angustiosa voracidad.

Lo que me pregunto es: ¿Dónde dejaste el Fidel, K?

saludos

IVAN    



2:22 p.m.

¿Còmo va eso del Fidel? Buen punto, de las crìticas negativas se encarga el resto, por lo menos nosotros tenemos al alcance la positividad... Por lo demàs nada, lo mismo de lo mismo; dentro de poco no voy a volver, aunque serà un abandono general...    



7:42 p.m.

Te felicito, Ivan. Que orgullo para todos los que conocemos y valoramos tu talento!!!
Julie    



9:33 p.m.

Totalmente de acuerdo con la reseña, incluso si fuera de tu padre, hermano, empleado, etc., se advierte una lectura cuidadosa de Un Lugar...
Aunque no me ha parecido necesario eso del "inefable Antonio Ortuño", a quien respeto entre los (en su mayoría lamentables) escritores mexicanos de su generación.

Cuando el reseñista dice "Muy buena tiene que haber resultado a ojos del jurado la novela ganadora" de Sada, ¿se infiere que a los suyos no lo es tanto? No es que sea fan de Daniel, al contrario, pero me parece que sobra la alusión a los mexicanos (ese, a mi juicio, denuesto gratuito no aporta mucho a la reseña) y basta con elogiar -no he terminado tu novela, pero hasta ahora sólo se me ocurren comentarios positivos- el alcance de Un Lugar...

Saludos y que sigan las loas, sólo que más mesuradas, si se puede.    



7:10 a.m.

Para quien dude acerca de mi absoluto respeto por la literatura mexicana, no tiene más que leer las reseñas positivas y elogiosas que he hecho en El Cultural de El Mundo de autores como David Toscana, Ignacio Padilla, Guillermo Arriaga o Guadalupe Nettel. Pueden verlo en mi blog:
http://blogernestocalabuig.blogspot.com
Mi opinión sobre la novela de Ortuño no se basa en prejuicios sino en que también me ocupé de esa novela en El Cultural y no me gustó, ni desde el p. v. literario ni por la tesis absolutamente reaccionaria que defendía.
Un saludo. Ernesto    



10:34 a.m.

Complicado que alguien diga eso en el Perú, para una novela etérea, lejana, que es la típica mirada de postulante a pituco limeño de lo que, finalmente, es su experiencia porque lo realmente serio les pasó a otros, al totalmente otro. ¿Que está bien escrita? ¡Qué sabe uno! No puedo distinguir prosa de contenido, es una sola cosa y eso es aprendizaje básico de Lingüistica I y Literatura I en Letras. ¿Sinó para que escribes? A lo mejor borras esto, quién sabe. No firmaré por ahora, pero tengo algo largo sobre ti y otros muchos que han hecho de la horrorosa guerra carne para engordar vanidades. Me conocerás allí. ¡Ah!, no te tengo bronca, no es personal. Es, sí quizá, amor por los otros que no parecen importarte.    



4:05 p.m.

Anónimo 10:34

Si partes del prejuicio de que "lo realmente serio les pasó a los otros" ya desde el saque impides que un escritor como yo, limeño y al que sendero luminoso no lo afectó directamente (no hay muertos en mi familia cercana) no pueda escribir sobre el tema sin llamarlo "artificial" o decir que escribo para "engordar vanidades".

Pero si lees la novela te darás cuenta que entre el enorme dolor colectivo también existe el dolor concreto, particular, que es el de Jazmín al perder a su madre y el del narrador al perder a su hijo. Y ese punto de intersección es el que importa en la novela, más allá de que los dos pertenecen a mundos distintos completamente (uno es un "postulante a pituco" y la otra es una mujer a víctima constante de la violencia)    



4:07 p.m.

Estimado Ernesto,

lo más curioso es que en algunos blogs dicen que tú estás "vendido" a la literatura hispanoamericana y siempre buscas lo mejor de todos. No parace que fue el caso de Antonio (que es mi amigo, por cierto). Pero no te preocupes en defenderte que eso solo alimenta la voracidad de los anónimo...

queda pendiente ese vino

saludos

IVAN    



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