MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Hernández & Murakami

Felisberto Hernández. Fuente: libreriahispana

Las asociaciones literarias son, mientras más arbitrarias y libres, mejor. Y eso lo comprueba Enrique Vila Matas en su último "Dietario Voluble" en que une las obras de un escritor oscurecido y casi desconocido de Uruguay a mediados del XX, y las de un narrador japonés en pleno apogeo en el siglo XXI: Felisberto Hernández y Haruki Murakami. Esto es lo que resulta al juntar a este par: mundos quietos con vida propia, en palabras de Vila Matas:

Mari en su espejo del Skylark me recuerda el oscuro mal que se instaló en mi mano derecha cuando leí el primer cuento de Felisberto Hernández. Percibo evidentes puntos en común entre el mundo de Murakami y el de Felisberto, aunque es difícil que el japonés haya ni siquiera oído hablar del gran escritor uruguayo, cuyos cuentos en su momento fueron dejando en mí una sensación de raro extrañamiento, que se fue traduciendo en una modificación de los hábitos a través de los cuales contemplaba la realidad, o, mejor dicho, era observado por ella. Y no estoy hablando sólo de las modificaciones en mi mano derecha, que ya no volvió a ser la misma después de aquel libro de Felisberto, sino de la impresión que me quedó para siempre de que no se podía leer a este autor sin correr ciertos riesgos. Porque con él uno pasaba a ser observado por mundos quietos con vida propia. Murakami no es más que un involuntario sucesor de Felisberto en la creación de ese mundo de la realidad que nos mira. En un genial cuento del uruguayo, "El balcón", una mujer se enamora de una especie de mirador en el que se pasa la vida imaginando historias sobre los transeúntes que ve a través de los cristales. Un día, el balcón se cae, pero lo que el lector percibe es que el balcón no se ha caído, sino que se ha suicidado porque la mujer le ha sido infiel con un hombre. O sea que era el balcón el que la observaba a ella. La literatura de Felisberto nos sitúa en muchas ocasiones al borde de un misterio perturbador. No conozco la vida de Murakami y ni tan siquiera si conserva los cinco dedos en cada mano, sólo sé que la vida de Felisberto fue desgraciada; persiguió el reconocimiento como escritor y no lo obtuvo y, sin embargo, vivió de los dedos de sus manos: fue compositor, pianista de cine y de cafetín, y dio conciertos en salones elegantes y casinos de mala muerte. Las notas de este artista compusieron un espacio fantasmal de ficciones, de espejos y balcones que capturan las imágenes y desde ellas observan la realidad. Se casó cuatro veces, pero siempre acababa regresando a la casa de su madre. Parece que no fue feliz un solo día de su vida, pero inventó un sistema taquigráfico que le sirvió para escribir más deprisa en los últimos años. Ya sólo por haber inventado ese método de lo fulminante, Felisberto habría pasado a la historia, pero es que, además, fue un cuentista excepcional, que controlaba muy bien la locura en sus relatos de premeditada, cabal rareza. Siguen las densas brumas de la calle sin llegar adonde estoy tan perfectamente acomodado, mientras me acuerdo de Felisberto, que decía que la metáfora era un vehículo burgués, confortable, que iba a muchos lados, pero que antes, eso sí, teníamos que decirle siempre al conductor adonde íbamos, concretar el sitio, porque si le decíamos que queríamos ir a lo incognoscible sabía dónde llevarnos: al manicomio.

Pero Enrique Vila Matas no será el primero, ni el último, gran escritor que se queda fascinado al leer/descubrir a don Felisberto, pianista y cuentista. Aquí las palabras de asombro que dejó Italo Calvino como testimonio.

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2:53 p.m.

Eso de arbitrariedad y libertad me gusta. No està el texto. Suerte.    



10:22 a.m.

El texto de Calvino también está en este dossier sobre Felisberto. Por otro lado, quizá otro de los cuentos favoritos de Vila-Matas, además de "El balcón", sea "Nadie enciendía las lámparas" (habla de él en Suicidios Ejemplares y en Letras libres).

Beto Cáceres.    



9:31 a.m.

Ya Cortazar prologó en su momento un libro de Felisberto. Creo que era "Las hortensias" o "Nadie encedía las lamparas". No me acuerdo bien.    



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