MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Novela-río de Elsa Morante

Elsa Morante y su gato. Fuente: giornaldifilosofia

Mi único recuerdo literario de Elsa Morante (más allá de la anécdota de que fue la primera esosa de Alberto Moravia) es la lectura en una colección llamada Grandes Bestsellers de su bellísima y poética novela La isla de Arturo, que recuerdo con mucha felicidad haberla leído en la playa. Pero, al parecer, La isla de Arturo era una isla en medio de la obra literaria de la Morante. Al menos eso es lo que deduzco (quizá erróneamente) de la reseña que Mercedes Monmany le dedica en el ABCD las letras a la reeditada novela La historia (Gadir), a la que califica de "monumento literario europeo, equiparable a las obras de Vasili Grossman, a cualquiera de Solzhenitsin o al terrible ciclo escrito por Primo Levi". Dice la reseña:

Leer hoy esta fascinante novela-río, que en el momento de su aparición, 1974, provocó sonoras polémicas y agrias discusiones en su país a causa de su vertiente de pesimismo «anárquico», dotado de «una energía salvaje que no lograba consumirse sino en forma de dolor», y por incidir demasiado en el drama de los individuos y no de la colectividad, algo muy mal visto por la «heroica» izquierda oficial, es recuperar un importantísimo monumento literario europeo, equiparable a las obras de Vasili Grossman, a cualquiera de Solzhenitsin o al terrible ciclo escrito por Primo Levi. Una obra o «gran mosaico poliédrico» (como lo definirá en el prólogo Flavia Cartoni, que ya había realizado la edición en Cátedra de la novela El chal andaluz, de esta mismo autora) que se convierte en una mezcla apasionante de documento, crónica, ensayo, reflexión intelectual y ficción sobre la tragedia de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, en este caso vistos a través de la historia de una joven viuda romana, «medio judía», Ida Ramundo, y de su hijo bastardo, Useppe, fruto de una violación llevada a cabo por un soldado alemán. Con esta obra, que comienza en el año 1941 y finaliza en 1947, Morante quiso no sólo dar testimonio de una época terrible y crucial, sino sobre todo rendir homenaje a la figura de la «víctima» de la Historia: esos millones de olvidados, de sacrificados anónimos, de «sujetos de servidumbre» que nunca participarían en intereses y beneficios de las Grandes Potencias y de los Estados, fueran los que fueran, y que, por el contrario, sólo serían utilizados como carne de cañón de «abstracciones ideales» en las que otros les harían militar a la fuerza, dependiendo del momento. Como esta misma autora diría en alguna ocasión, «más que una obra poética, La Historia quería ser una acusación contra todos los fascismos del mundo». Y así lo declarará uno de los personajes más emblemáticos de la novela, el poeta e intelectual fracasado, abocado amargamente al suicidio, Davide Segre: «En resumidas cuentas, toda la Historia es una historia de fascismos más o menos larvados? [...] Siempre y por doquier libres y esclavos? Ricos y pobres, compradores y vendidos? Superiores e inferiores? Jefes y subordinados? El sistema no cambia nunca? Todos seudónimos? Todas máscaras? ¡¡Todos quieren carne de hombres!!».

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2:27 p.m.

Mirando al mismo lado... o_O.
Buenas preguntas finales...    



3:44 a.m.

Hola Iván, pocos novelistas me conmovieron tanto como Elsa Morante. La gente suele acordar, con razón, sobre la belleza de la Isla de Arturo, pero la Storia es un melodrama con escenas cumbre -como la violación de Ida- y Menzogna e sortileggio una saga familiar apasionada y poética. Abrazos. Leo    



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