MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Fadanelli, boxeador frustrado

1.22.2008
Guillermo Fadanelli. Foto:Foto: Yolanda Martínez. Fuente: adn cultura

No, no quiero decir que Guillermo Fadanelli ha tomado la justicia con sus manos ante la crítica adversa (como lo hizo un rollinga escritor peruano hace unos años en episodio de triste recordación) sino que en entrevista con ADN Cultura él se ha considerado así: un boxeador frustrado, un escritor ocioso, chico malo, camisas exóticas, editor underground y fan de John Fante. Actualmente disfruta de una beca en Berlín y su novela Malacara salió el año pasado en Anagrama.

Dice Fadanelli: "El lector siempre es un desconocido, y me intimida cuando se vuelve real. Creo que los comentarios o reacciones que despierta la novela son apostillas que completan la obra, incluso forman parte de su historia. Lo que sí me molesta es que las sociedades sean cada vez más idiotas, pero ahí encuentro una virtud: nos obligan al exilio, entendido como "conocimiento de uno mismo".

También declara: "Coincido con Malacara en que el escritor es un dios mediocre, pero eso no me ha hecho un ser desgraciado; al contrario, la literatura hace más tolerable el duro "inconveniente de haber nacido", como diría Cioran (...) mí me gusta imaginar la novela como un universo que ningún dios domina. Cómo escribir sin la pedantería del pequeño dios que crea mensajes y lleva al lector de la mano hacia una catarsis: ése, y no otro, es "el" asunto. Para mí la literatura es una extensión de la amistad, y por suerte hay una larga lista de autores que considero mis amigos, aunque no todos los libros que han escrito me interesan: Philip Roth, Thomas Bernhard, Jorge Ibargüengoitia, Rubem Fonseca, Roberto Arlt, Fernando Vallejo, entre muchos otros. Publicar -más que escribir- es un acto impúdico, sobre todo ahora que hay tanto ruido. Prefiero leer, aunque continúo escribiendo a causa de una costumbre maníaca, y porque todavía espero encontrarme en el futuro con un par de sorpresas.

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Malacara

10.08.2007
Carátula de la novela. Fuente: anagrama

Malacara es la que el inefable crítico español -ya otras veces hemos comentado aquí sus aspavientos anti-latinoamericanos contra los también anagrama Bellatin o Zambra- le ha puesto a Guillermo Fadanelli, quien ha publicado la novela Malacara en Anagrama. La reseña aparece en el ABCD Las letras y es lapidaria. Por otra parte, en el Confabulario de México aparece el comienzo de la nueva novela de Fadanelli acompañado de este breve gorro: "A Orlando lo rigen un par de obsesiones: matar a un hombre y hacer que dos mujeres vivan con él. A partir de ambos impulsos, el protagonista de esta breve y esperada novela que Anagrama pondrá en circulación este mes, transmite su visión del mundo: cáustica, irónica, fatal: Fadanelli en estado puro. Ofrecemos los momentos iniciales de una obra destinada a remover, con mano sucia, el alma de sus lectores".

Aquí el primer párrafo: "Mi nombre es Orlando Malacara. Al menos es el nombre que se encuentra registrado en los escasos documentos que poseo: un pasaporte que parece haber sido mordido por un perro, una antigua credencial de elector y un acta de nacimiento que contiene nombres escritos por medio de una caligrafía pasada de moda. Con sólo mirar mi acta de nacimiento cualquiera se convencería de que se trata de un documento anticuado cuyo propietario ha vivido más tiempo del necesario. Hoy en día es tan sencillo vivir más allá de lo necesario: las vidas se extienden en el horizonte, como nubes holgazanas que vuelven todo un poco más confuso. He olvidado el número de años que han transcurrido desde mi nacimiento, pero supongo que mis documentos deben mantenerse en lo cierto. En todo caso, prefiero mentir a un ritmo constante que ceñirme a mi acta de nacimiento o a mi pasaporte, documento este último que tantas ilusiones parece despertar en el alma de los viajeros modernos. Si miento con tanta frecuencia respecto a mi edad crearé tal confusión dentro de mi propio cerebro que con seguridad llegaré a desentenderme del asunto. Supongo que un hombre sabio es quien a la postre resulta capaz de olvidarse de todos los asuntos: cuantos más asuntos pueda uno tirar en el fondo de un saco más cerca estará de la sabiduría. ¿No es eso? La respuesta no tengo absolutamente nada en qué pensar a la pregunta de en qué está usted pensando es de lo más prudente en una época en la que la arrogancia es moneda común."

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