MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

No venden

El best seller de la editorial de Javier Marías. Fuente: librería luces

Como una "absurda aventura" califica Javier Marías, en un artículo publicado en el último Babelia, la edición de libros de su pequeña editorial del Reino de Redonda. ¿Demasiado exquisitos? ¿Por qué no llaman la atención a nadie? Y me lo pregunto yo, que no tengo entre mis libros ninguno de esa editorial. ¿O será simplemente una especie de autodenominada "aristocracia" espiritual, a destiempo, que es al mismo tiempo una pésima estrategia editorial? Es decir ¿qué nos quiere vender Marías, títulos o prestigio? ¿Y por qué alguien debería comprar prestigio, si lo que quiere es leer libros? Debería preguntárselo primero Marías antes de enojarse por sus ventas. En fin, así se deprime Marías, arriesgando a decir cifras, lo más temible para un editor:

¿Y las ventas? A diferencia de los editores de verdad, no tengo reparo en hablar de ellas. Nuestro best seller es La caída de Constantinopla 1453, que ha vendido cerca de cinco mil ejemplares, seguido a distancia por El espejo del mar de Conrad, Ehrengard de Dinesen y Vida de este capitán de Contreras, que van por la mitad. Los menos vendidos no llegan ni a mil ejemplares, y son, inexplicablemente, el mencionado Viaje de Londres a Génova, un divertido e inteligentísimo paseo por la España de Carlos III, La nube púrpura de M P Shiel -primer Rey de Redonda-, la novela que inauguró el subgénero "último hombre sobre la Tierra" que luego han copiado tantos, incluido el hoy famoso Richard Matheson de Soy leyenda, y los magníficos cuentos de El brazo marchito, de Hardy, que fueron mi primera traducción, allá por 1974. Tampoco los de Vernon Lee han alcanzado los mil lectores, quizá por ser tan extraña mujer como fue. Sólo dos libros al año, a lo sumo tres, como he dicho. Y sin embargo cada uno lleva tanto trabajo -sobre todo a la encargada de la edición- que ahora admiro a los editores mucho más que antes de iniciar esta absurda aventura, que desde luego trae más sinsabores que ser autor. ¿Cómo es posible que algunos saquen ochenta o cien títulos anuales, si aspiran a hacerlo bien? Claro está que la mayoría cuentan con equipos nutridos, plantilla fija y numerosos colaboradores externos a los que suelen explotar a fondo. Pero aun así. Quizá es que demasiados -por lo que leo últimamente publicado en nuestro país- han renunciado a hacerlo bien: textos lunáticos o pésimamente escritos que nadie parece haber corregido, traducciones desastrosas o demenciales hechas por gente que no sabe la lengua de la que traduce ni la suya propia, erratas sin fin... "Productos podridos", los llamé una vez, ante los que sin embargo nadie protesta en esta época de defensa de los consumidores. Ni siquiera los críticos, que pocas veces ya distinguen cuándo un libro está agriado. Lo que sale de Reino de Redonda es muy lento y modesto, pero al menos se puede tener la certeza de que está en buenas condiciones. Supongo que el verdadero destino de estas publicaciones es convertirse, de aquí a unos años, en objeto de coleccionistas, los cuales acaso busquen desesperadamente el título que les falte para completar su colección. "Doy lo que sea por Browne", dirán. "O por Bruma de Crompton, o por La mujer de Huguenin". A eso quizá se le llama trabajar para la posteridad. Les aseguro que en modo alguno era ésa mi intención.

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12:45 p.m.

Diria que la clave está en la pésima estrategia editorial.    



4:18 p.m.

Verá como en poco tiempo cambia la situación en el Reino. ¿Es sincero Marías cuando se sorprende de las 'exigencias' que plantea una 'industria' (grande o chica) como la editorial? Seguramente que el artículo en Babelia se convierte en esa promoción que hasta ahora ha rehusado. Saludos. Y enhorabuena por su blog, tan riguroso y sensato.    



10:40 p.m.

según mi novia, los colores amarillo y verde nunca venden. principio de las leyes del color, le llaman.    



2:23 p.m.

Los colores son espantosos; el papel muy bueno, pero intolerablemente satinado. Yo, pobre miope, sufro cuando me enfrento a sus brillos. Pero, elitismos y torpezas materiales aparte, los títulos son soberbios. Siento que no tengas ninguno de esos libros, pero te aseguro que el de Runciman es prodigioso.    



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