MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

David Foster Wallace

Carátula de la edición norteamericana del libro. Fuente: static.flickr.com

En el suplemento "Babelia" aparece una reseña al libro de crónicas de David Foster Wallace -uno de los libros que he mandado pedir a uno de mis chasquis en España- Hablemos de langostas editado por Mondadori. Hace algunos post comenté la reseña de Rodrigo Fresán al respecto. La reseña está a cargo de Javier Aparicio quien califica a estos textos como "diez relatos de metaficción postmoderna". Más allá de la jerga, estoy seguro de que Foster Wallace no me defraudará tampoco esta vez.

En su habitual sinfonía de géneros y formas, Wallace se decanta por el reality show para acercarse nuevamente, en La vista desde la casa de la señora Thomson, a los estatutos de la realidad y de la ficción, esta vez con el pretexto del 11 de septiembre de 2001. La señora Thomson confiesa que sus "chavales pensaban que era todo una película tipo Independence Day hasta que se dieron cuenta de que daban la misma película por todos los canales", página 165, pero donde el autor saca a relucir sin miramientos su talento para radiografiar este hipócrito mundo nuestro en Gran hijo rojo, un reportaje a todo color acerca de la industria del porno, con ilustrativas notas a pie de página. Last but not least, 'Algunos comentarios sobre lo gracioso que es Kafka, de los cuales probablemente no he quitado bastante', un espléndido artículo sobre humor y modernidad en Kafka, trufado de ideas interesantes. El caso es que seguramente Hablemos de langostas no supera Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, pero engrandece su narrativa extravagante, heredera del pionero Lawrence Sterne, de la metaficción posmoderna de Barthelme, Barth y su maestro Pynchon y de la vanguardia surrealista, divertida, estridente y monologante, lenguaraz coleccionista de enmiendas a la totalidad y de jugosas disquisiciones sobre el sexo de los ángeles".

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6:19 a. m.

Si te gustó "Algo supuestamente divertido que jamás volveré a hacer" esta colección es obligada. La verdad no hay ningún ensayo que supere a la descripción de la feria estatal y la estancia en un crucero del primer tomo (tarea medio imposible), pero Wallace se reinventa de muchas maneras interesantes, y prueba de nuevo que es 300 veces mejor ensayista que novelista.    



5:23 p. m.

¿No debería estar esto también en "basta de carátulas"?

¿Cuándo haces un concurso "mejores sugerencias para la peor carátula de..."?    



7:31 a. m.

No conocía a Foster Wallace. La curiosidad me llevó a la Internet y encontré un ensayo titulado, si mal no recuerdo, así: "La experiencia religiosa de ver a Roger Federer". Lo leí de inmediato, puesto que apenas hace dos semanas terminó Wimbledon y Federer dio cuenta de Nadal por segundo año consecutivo. Quienes amamos el tenis, encontramos este artículo de Foster delicioso, muy superior (sin punto de compración digamos) a los artículos deportivos a que nos tiene acostumbrados la prensa americana (y ojo que los comentaristas no son nada malos). La tesis central de Foster es que, finalmente, en una época en que se imponen la fuerza y la virilidad en el tenis, Federer ha venido a resucitar virtudes como la elegancia, la belleza y la gracia. Por alguna razón, dice Foster, los hombres estamos acostumbrados a expresar nuestro amor por el deporte con términos y símbolos bélicos: avance y eliminación, victoria y derrota, uniformes, pancartas, rostros pintados, etc. La insensibilidad es también un signo de la inteligencia desterrada, y si al tosco le emocionan los combates, allí tiene a Nadal, puro músculo, puro derroche de virilidad, hasta cuando se grita a sí mismo. Federer, en cambio, hasta cuando lo congela una foto tiene un rostro angelical y enamorado. Otro dato que yo no sabía: Federer, antes de dedicarse al tenis, cuando tenía más o menos doce años, era considerado en su Suiza natal un extraordinario jugador de fútbol.    



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