MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Los días gesellianos de Juan Forn

10.17.2007
Juan Forn en Villa Gessel. Fuente: la nación

El fin de semana pasado, el ADN Cultura entrevistó a Juan Forn sobre su esperada nueva novela, María Domecq, que aparece bajo el sello Emecé y que ha despertado mucha curiosidad en especial porque contiene elementos autobiográficos. La entrevista es en Villa Gessel, donde vive el autor desde hace cinco años con su familia.

Sobre lo autobiográfico dice: " La única justificación que yo le encuentro a este uso descarado de la primera persona con mi nombre y mi apellido es que no tengo otro modo de contar esta historia que pasa por mí pero que me supera. De algún modo, puede ser la historia de todo aquel que se ha sentido desplazado en su medio social, o que ha lidiado con un secreto de familia o con una enfermedad que le sacudió los cimientos. La novela es fruto de la combinación del relato que me hizo ese historiador sobre la historia de Butterfly y la pancreatitis que tuve, técnicamente, un reflujo de bilis; mala sangre, para los griegos. Acá tengo algo, me dije cuando uní todo eso (...) Al principio pensé que iba a ser un libro de no ficción, pero no le encontraba la vuelta. Después no sabía si meterme a mí o inventar un personaje, y hasta qué punto era lícito cruzar ficción y no ficción, por ese temor un poco paralizante de afectar a algunas personas o de hablar de mi enfermedad. En Música para camaleones , Truman Capote dice que quiere escribir usando todo lo que había aprendido del relato oral, de las revistas de chismes, las biografías, la crónica, la novela, y cruzar todo para construir un gran relato. Para eso necesitás una gran historia y yo confiaba en que la tenía. "

También habla de su apacible, envidiable vida en Villa Gessell: "Me levanto, desayuno, nado en una pileta de aquí a la vuelta, almorzamos juntos con mi mujer y mi hija, alguno de los dos la lleva al colegio y a la tarde laburamos, escribiendo o leyendo. Buscamos a la enana, hacemos familia hasta la hora de comer y a la noche la que pinte: amigos, una película o seguir leyendo o escribiendo. Yo he dejado de ser noctámbulo pero todavía me tira. De los veinte a los cuarenta nunca me fui a dormir antes del amanecer porque escribía de noche. Yo no entendía la idea de cuidarme. La empecé a entender cuando nació mi hija y se volvió un imperativo, una necesidad. Llegar a estar bien para mi mujer y mi hija es un cambio. Antes hacía estupideces insignes por querer vivir más intensamente, por sentir la vida a full . En eso creo que cambié. El hecho de vivir acá y criar a nuestra hija estando los dos en casa redefine la idea que yo tenía de familia".

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Juan Forn

9.30.2007
Juan Forn. Foto: Romina Franceschin. Fuente: Radar libros

El escritor argentino Juan Forn, a raíz de una enfermedad, debió dejar su labor periodística y dedicarse de lleno a escribir. El resultado es María Domécq, una novela autobiográfica que publica Emecé y donde convergen su profesión periodística con su enfermedad, su vida en Villa Gessell y una extraña historia, que leí en La tierra elegida, sobre Madame Butterfly y los orígenes reales de esa ópera. Un texto de auto-ficción, dirían en Francia. En Radar libros le hacen una entrevista al respecto, poniendo énfasis en que estamos ante la mejor novela del autor argentino.

Dice la nota: "El libro de Forn comienza con la historia de Butterfly, "una pequeñísima anécdota de la vida portuaria japonesa", que entre 1885 y 1905 se convirtió, en diferentes manos, "en nouvelle francesa, opereta europea, cuento norteamericano, vaudeville atlántico y, por fin, gran ópera italiana". Esa materia prima, que le sirvió para escribir una nota para este suplemento en 1999, la que cierra a la vez La tierra elegida, se engarza con un asunto vinculado a la figura emblemática, al prohombre del bronce familiar, cuando un historiador le sugiere a Forn que el almirante Manuel Domecq García, su bisabuelo, pudo haber inspirado al protagonista occidental de Madame Butterfly. El indicio conduce a una posible rama "podada", en sombras, de la familia: un hijo japonés del marino. Pero eso no es todo, amigos, porque tras el cataclismo del páncreas a Forn se le aparece, en pleno proceso de recuperación, una mujer que leyó su nota y le cuenta que ella también es bisnieta del almirante y nieta de "la loca del altillo" –otra rama podada, en este caso porque esta hija del hombre de la Armada era "retrasada"–. La aparición de esta mujer que padece lupus, María Domecq, propicia el repaso por lo conocido y el rastreo de lo desconocido, velado, en la familia del narrador, que descubrirá entre otras cosas que el bisabuelo mítico y heroico fue el ideólogo de las masacres de la Semana Trágica, a comienzos de 1919, "el responsable del primer pogrom en territorio argentino –escribe–, el organizador del primer grupo paramilitar a gran escala en la historia de nuestro país". El fabuloso viaje de la novela retrocede hasta la guerra del Paraguay, donde murió el tatarabuelo Tomás Domecq, pasa por la guerra ruso-japonesa de comienzos del siglo XX –el almirante fue el encargado de llevar hasta allí dos naves que el gobierno argentino le vendió a Japón– y por la Segunda Guerra Mundial, de la que el tío abuelo "bastardo" Noboru Yokoi participó a raíz de su alistamiento en el Ejército Imperial, y desembarca de este lado del Atlántico, con el afincamiento de este hombre y sus dos hijos en la comunidad Yuba, cerca de San Pablo".

Entrevistado, Juan Forn declara: "Elegí escribir y no era lo mejor visto en el entorno de mis amigos de la adolescencia y hasta en mi familia; ya dentro del ambiente, elegí apasionadamente cierta clase de literatura, contra opiniones de gente con estéticas muy diferentes, y lo confrontacional fue una especie de combustible para mí. Pero la confrontación es binaria y lentamente fui descubriendo algo que cualquier pelandrún vería en los textos orientales, hojeando apenas el Tao Te King o el I Ching, algo que también dice Todorov: los opuestos no están en los antípodas. Los opuestos son absolutamente vecinos. Y que del blanco al negro hay un paso ínfimo, que en la práctica son dos largas comarcas del gris. Exactamente lo mismo que el Yin y el Yang: uno está dentro del otro y dialogan. Lo siguiente a eso, para mí, fue la relación vaso medio lleno, vaso medio vacío. Me he pasado la vida, por estilo, viendo la parte vacía. En el periodismo cultural, o como editor, trabajaba mirando esa mitad. Y llevo unos años diciéndome, todas las mañanas, "a ver, cuáles son las cosas que conforman el lado medio lleno". Me las digo a mí mismo, camino por la playa, miro los árboles y el sol, a mi hija y a mi mujer, a mis amigos geselinos y al libro que estoy leyendo. Confío en que eso, con el tiempo, salga solo. Por ahora, todavía, conviven momentos de alegría absoluta con otros en los que, agh, me sale el agreta porteño de adentro"

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