MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Mijahil Sebastian dietario

7.14.2009
manifestación en Bucarest en 1936. Fuente: el país


Un nuevo libro del extraordinario escritor rumano Mijahil Sebastian ha sido traducido al castellano: Desde hace dos mil años. Se trata de un dietario con ideas sobre la condición de judío en Bucarest durante los años 30 del siglo XX, años de nacionalismo y antisemitismo extremo, ascenso del nazismo y previo a la Segunda Guerra Mundial. Lo edita Aletheia y con eso solo falta traducir algunas obras de teatro y sus ensayos Cómo me convertí en Hooligan. Dice la reseña en "Babelia":

En 1934 Mihail Sebastian (Brila, 1907-Bucarest 1945) publicó Desde hace dos mil años, novela en forma de dietario donde alterna las entradas descriptivas de tales pogromos con las reflexiones sobre su triple condición de intelectual, de judío y de ciudadano "danubiano" o rumano, y vindica esa herencia incómoda, compleja e irrenunciable. El libro es también el relato de su fascinación por Nae Ionescu, encarnado en la novela en el personaje de Ghita Blidaru. Es muy sugestiva la figura de este sujeto fáustico, probablemente el intelectual más influyente de aquellas vísperas de Apocalipsis. Empezó como un intelectual splengleriano, y su personalidad robusta, magnética, carismática, fascinaba y seducía a la joven, brillante y condenada generación de entreguerras: Emil Cioran, Mircea Eliade, Eugene Ionesco; cada uno de ellos, representante de una actitud y una convicción intelectual, aparece, bajo un alias transparente -y revelado, además, por el prólogo de Norman Manea-, como personaje de Desde hace dos mil años. El joven Sebastian asistió deslumbrado, intrigado e inquieto a la deriva de su mentor hacia el fascismo de la Legión del Arcángel San Miguel o Guardia de Hierro. Cuando Sebastian decidió escribir este libro en el que repiensa su vivencia de la condición judía, el sufrimiento y peregrinaje "desde hace dos mil años", el papel del individuo en la cárcel de la colectividad, le pidió a Ionescu un prólogo. El profesor le escribió una prefata que rezumaba antisemitismo y repulsión hacia el autor mismo: "Iosef Hechter", le interpela, llamándole por su verdadero nombre judío en vez de por su alias literario, "el mesías ya vino y tú no lo conociste (...) porque la soberbia te puso escamas en los ojos... Iosef Hechter, ¿no sientes cómo se apoderan de ti el frío y las tinieblas?". Ese prefacio a Sebastian le heló el corazón, por supuesto, pero llevado de un impulso raro, a medio camino entre la sumisión, el masoquismo y una idea más alta y más sutil del desdén, lo aceptó. Y el libro, que ahora llega a nuestras manos con prólogo de Norman Manea, se publicó entonces con el alegato racista de Ionescu. Se levantó un escándalo literario fenomenal. A los intelectuales judíos les irritaba la comprensión casi compasiva que el autor parecía manifestar hacia los matones de la sangre pura, y a los antisemitas los argumentos del insolente hebreo les parecieron provocaciones de un sujeto que sólo merecía desaparecer.

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El testimonio Sebastian

1.29.2009
Mihail Sebastian. Fuente: update,lives

Quizá la más grata revelación del año pasado la tuve al leer a Mihaíl Sebastian. Tanto su delicadísimo juguete literario Mujeres como la novela maravillosa La ciudad de las acacias (Pre-textos) fueron lecturas impactantes en el 2008. Lo que no tenía previsto, sin embargo, es que el cosmopolita narrador rumano podría escribir un testimonio tan tremendo del antisemitismo como el que, según me entero leyendo la reseña de Mercedes Monmany, se descubre leyendo Desde hace dos mil (Aletehia). Dice la reseña:

«Dos mil años de persecuciones contra nosotros, de talmudismo y melancolía», escribe el narrador, un joven intelectual de entreguerras, en esta estremecedora novela de formación (que cuenta, como en otras ocasiones, con una excelente traducción de Joaquín Garrigós). Atacado ya desde sus tiempos de estudiante en la Universidad de Bucarest, en 1923, por un feroz y salvaje antisemitismo que no permite a muchos como él el escapismo o las zonas intermedias en cuestiones de identidad, este mismo personaje inicia su relato con una premonitoria declaración de principios: «Creo que nunca he tenido miedo de personas ni de cosas, únicamente de señales y símbolos». Ambientada en una década, de 1923 a 1933, año de la llegada de Hitler al poder, en la que el antisemitismo era una gangrena que corría por toda Europa, asociada a un salvaje ultranacionalismo que en cada país había encontrado una víctima o enemigo común, los judíos, «agentes que descomponían» la ansiada pureza de raza, el protagonista de la novela de Sebastian tendrá que oírle decir a un amigo (que, como otros muchos a su alrededor, dice no ser antisemita) que «hay un problema judío y que es menester resolverlo», ya que el Estado Rumano, «un organismo miserable, venal y débil», ya no puede soportar «un millón ochocientos mil judíos». En la intrahistoria peculiar de esta obra brutal y profética, que anticiparía sobre el terreno de la ficción el tema central del Diario de Sebastian -la persecución contra los judíos-, se suceden las más escalofriantes paradojas. Obra plagada de atrocidades ideológicas y de delirantes chauvinismos, en ella el único que parece mantener la lucidez y la distancia fría de los acontecimientos, demostrando una ausencia de odio y una indestructible y ejemplar dignidad, en medio de la agresión y de la catástrofe anunciada, es el narrador. Un joven judío que, desesperado, ve caer, como sucedía en el Diario de Sebastian, con nombres propios (con Eliade, con Cioran), a todos sus amigos de antaño en la fascinación por los movimientos de extrema derecha de aquellos días y en la ola de odio desatada contra los suyos. Esa «rinocerización», o conversión contagiosa de los hombres en animales salidos de la selva, de la que habló su amigo Eugène Ionesco, el único que se mantuvo incólume ante un fanatismo inspirador de todos los crímenes posteriores.

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