MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Beattie en castellano

Ann Beattie. Fuente: picassaweb

Hace muchos años conocí, gracias al blog The Art of Fiction, un relato estupendo de Ann Beattie. Pero el autor de la traducción (Mauricio Salvador, si no me equivoco) se lamentaba de que no hubiesen más traducciones de la autora. Después de leer el cuento ("Janus" si no me equivoco) me puse del lado de Mauricio. Pero las cosas van mejorando. En Libros del Asteroide han publicado su novela más célebre Postales de invierno, con prólogo de Rodrigo Fresán. Y quien hace la reseña es Mercedes Monmany. Dice:

Leerla y penetrar en su receloso y desmoralizado mundo de jóvenes de los setenta, aún fanatizados por la música, pero instalados tras la fiesta y el fumadero de hierba generalizado que fueron los sesenta en una especie de correccional culpable y lleno de pánicos, es como acercarse a una hermana cínica y lacónica de Raymond Carver, dotada de un formidable y escalofriante humor gélido que parece haber sobrevivido a los peores augurios de después de la catástrofe. La autora parece investirse del papel de madre sarcástica y aguafiestas que nadie quiere invitar ya a las reuniones y a la que, décadas más tarde, las encantadoras chicas de revista Vogue de Sexo en Nueva York querrían meter debajo de la alfombra por fijarse en cosas tan vulgares como vendedores de chaquetas en paro, repugnantes chuchos recogidos de perreras, pizzas de pimientos o esa melodía incesante que sale de cualquier jukebox de bar siniestro: música cantada por «palurdas del Sur», las únicas que parecen tener «algo de sentido común» y que saben amar de verdad a un hombre. Estamos en 1975. En los cines siguen pasando 2001: Una odisea del espacio, Janis Joplin y los hippies se han esfumado, la gente está leyendo en esos momentos a Pynchon, Salinger hace tiempo que han entrado en el Olimpo, Bob Dylan canta Like a Rolling Stone, en la radio suena My Sweet Lord, de George Harrison, las mujeres vuelven a llevar sujetador, las drogas parece que ya no corren como antes por la Universidad y «ya nadie hace gran cosa». Todo parece indicar que la edad de los sueños y de las navegaciones excitantes tocó a su fin y que es «demasiado tarde para ser felices». Todo ha pasado muy rápido y todo se hace velozmente perecedero e ilegible para «los críos» que creen que «Woodstock fue una fiesta de disfraces» y a los que «los sesenta no les abrieron los ojos».

Finalmente, Monmany remata la reseña con una invitación imposible de negar:

Conversaciones de sala de espera a lo Beckett que, a fuerza de ser demenciales y perderse en un laberinto sin fin de disquisiciones filosóficamente insolubles (¿por qué su marido la conoció antes que yo?, ¿de verdad Rod Stewart se ha muerto?), acaban siendo sin duda lo mejor de la novela.

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6:20 a.m.

"...se lamentaba de que no hubieseN más traducciones de la autora"???

HabíaN más traducciones???

HubIERON más traducciones???

Si no me equivoco, estos usos del verbo haber (en plural) no son correctos.

Saludos y felicitaciones por tu blog.    



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