MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Diccionario mexicano

Carátula del libro. Fuente: letras libres

¿Quién quiere pertenecer?, pregunté en un artículo en "Babelia" que ocasionó sarpullido en Zona de noticias (ver post). Pues ahora veo que Christopher Domínguez Michael ha publicado un Diccionario crítico de la literatura mexicana, reseñado en la Revista de Libros de El mercurio. Y más escándalo ha creado por los incluidos que por los excluidos. Aparecen en su lista escritores extranjeros como Fernando Vallejo, Augusto Monterroso, Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis, Luis Cernuda, Max Aub y Roberto Bolaño. Frente a estas decisiones arriesgadas pero que ponen énfasis no en los prejucios (ni en las demagogias) sino en la calidad de la obra literaria, aquel sarpullido literario antes mencionado deprime. Otro level, como diríamos en el winning eleven.

Les dejo aquí también la reseña de Rafael Lemus en Letras Libres quien afirma: "Cosa buena: entre las 588 páginas del tomo hay pullas, controversias y dos o tres sopapos. Cosa extraña: no hay violencia".

Dice la reseña: "(...) la omisión más significativa es la de autores mexicanos cuya fama ha traspasado ampliamente las fronteras de su país de origen: Héctor Aguilar Camín, Ángeles Mastretta y Laura Esquivel. Su exclusión es resultado de lo que se declara al principio: "Como diccionario de autor, este libro le apuesta a la libertad de elección, al juego interpretativo y al capricho que resulta de construir un orden guiándose por la rutina y por las sorpresas del alfabeto". A esta libertad de elección, de efectos controvertibles, sin duda, se debe una de las mayores fortalezas del diccionario. La independencia de su redactor asegura que estén solamente los escritores que, a su juicio, lo merecen; incluso cuando no sean de su total agrado, pero parte de su obra, aunque se reduzca a un libro, o a pasajes de él, requiera su comparecencia en el volumen. Son los casos, entre otros, de Jaime Sabines, Homero Aridjis y Jorge Volpi. Honestidad ante todo. En la breve entrada que le dedica a la prolífica Margo Glantz, Domínguez llegará a decir de su novela publicada en 2002: "Se necesitan muchos años de vida en la literatura para escribir un libro como El rastro". Por lo demás, están representados, en su justa proporción, los ineludibles Alfonso Reyes, Octavio Paz, Juan José Arreola, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis. Vacas que, para Domínguez, como para cualquier mexicano, también son sagradas, pero no intocables. Es de agradecer, asimismo, el rescate de Jorge Cuesta y Elena Garro. Un crítico y una narradora sobresalientes, con personalidades beligerantes, paranoides y autodestructivas que, por décadas, impidieron aquilatar el real valor de sus obras. Cuesta se ahorcó a los 39 años en un manicomio. Garro cometió suicidio político en 1968, al responsabilizar a los intelectuales por haber instigado la rebelión estudiantil que culminó en la masacre de Tlatelolco. Vivió 30 años más bajo diversas formas de ostracismo.En otro rasgo de audacia, aun mayor, que expande su campo de maniobras, Domínguez decide admitir en el coto de la "literatura mexicana" autores afincados en el país hasta su muerte o por largos períodos de su vida, como Fernando Vallejo, Augusto Monterroso, Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis, Luis Cernuda, Max Aub y Roberto Bolaño. De Los detectives salvajes afirma: "La más persuasiva de las novelas mexicanas de los últimos años la escribió un chileno: Bolaño", añadiendo que es "acaso la novela más importante que un extranjero ha escrito sobre este país desde Bajo el volcán (1949), de Malcolm Lowry". Nada menos.

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