MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

¿Quién quiere pertenecer?

Consultants experiencing a writers block. All drawings copyright © Rob Nuijten, Amsterdam

Desde hace unas semanas, el suplemento "Babelia" le dedica una columna a la literatura latinoamericana. La inauguró Jorge Volpi, con un excelente artículo quiero subrayar, y ahora me invitaron a mí a participar. Se la dediqué a la pluralidad que, creo yo, es el rasgo distintivo de la literatura peruana -y universal- en la actualidad:

Actualización 21/01.- Paolo de Lima comenta en su blog el artículo y pone entre comillas el término "pluralidad". Mientras tanto, Daniel Salas en "El Gran Combo" y Gustavo Faverón en "Puente áereo" replican la posición de Paolo de Lima.

"No es necesario tener un blog de actualidad literaria, como es mi Moleskine Literario, para estar enterado de que las broncas literarias existen en todas partes y con igual intensidad -y necedad-. Basta leer cualquier biografía de escritores, cualquier historia de una época, para enterarse de peleas y más peleas. Cambian los actores, cambian los argumentos, cambia todo y lo que sea, cambia la calidad literaria y la calidad humana, pero no cambia el instinto de enfrentamiento y la necesidad de derrotar (con argumentos o sin ellos) al otro. En Perú, hace unos años se originó una bronca de agitadas consecuencias cuyo germen fue, justamente, un encuentro literario de narradores peruanos en Madrid. La discusión tuvo sobre todo aristas intrascendentes pero también cierto cuestionamiento interesante. En su parte más frívola, se discutía sobre el tamaño de la foto en los artículos en una revista de actualidad; las veces que aparecía el nombre de X o de Y en los periódicos; quién vendía más libros y quién tenía más homenajes en los colegios fiscales; quién publicaba en las editoriales "imperialistas" y quién se autopublicaba por decencia. También se rebajó el nivel a ciertos chismes -no del todo faltos de interés como souvenir literario- sobre la higiene de ciertos escritores o sacados al fresco por amarillentas reseñas escritas 25 años atrás y guardadas con celo, con la esperanza de disfrutar una cena fría. Finalmente, la frivolidad dio paso a la paranoia y se habló de "mafias literarias" organizadas con enorme cálculo y profesionalismo para evitar que ciertos escritores tuvieran éxito (aunque esas mafias no pudieron evitar ser bombardeadas con artículos de página entera en los mismos diarios acusados de "mafiosos").

En su parte más sensible, sin embargo, la br1onca literaria no carecía de interés. Se discutía, en primer lugar, sobre la necesidad absolutamente justificable de ser "reconocido" por el otro. ¿Reconocemos los escritores peruanos la existencia de los otros escritores? ¿Qué tan abarcador era aquel "punto ciego" que no nos permitía reconocernos unos a los otros? En ese sentido, se resumió la cuestión como una pelea de criollos versus andinos (aunque la versión de un crítico más agudo fue hegemónicos versus excluidos) y aunque se trató de simplificar la complejísima historia de separaciones y violencia de Perú en acusaciones con nombres propios, es innegable que no es fácil para el mundo literario peruano, eminentemente limeño, reconocer lo que sucede en ciertas regiones del país (no necesariamente andinas, por cierto).
Por otra parte, los argumentos de esta discusión que me parecieron más atractivos fueron los vinculados a la representación de la literatura peruana. El grupo de los que se consideraban a sí mismos "excluidos" reclamaba que un grupo se había arrogado para sí mismo, de manera injusta y arbitraria, la representación de Perú. Eran ellos los que se promocionaban en revistas y encuentros literarios como "escritores peruanos", solventados además por el marketing de sus editoriales transnacionales, y cabía preguntarse: ¿Con qué derecho? La propuesta de ellos, sin embargo, no era tan ingenua: lo que proponían era que la verdadera literatura peruana era la excluida. Es decir, la de ellos. Una literatura, de más está decir, vinculada a los conflictos sociales y a la descripción regionalista en contra de novelas "criollas", con sospechosa influencia norteamericana y que a veces, vade retro, ni siquiera sucedían en Perú.

La pelea por quién era el justo representante de la literatura peruana (una discusión inexistente en la época de José María Arguedas, por ejemplo, en que nadie dudaba de que él era obligatoriamente el escritor peruano y lo que se discutía era hasta qué punto podíamos permitir influencias extranjeras para no perder la peruanidad. ¿Dejábamos de ser escritores peruanos si introducíamos monólogos interiores, si mencionábamos el jazz en vez del huayno o si dividíamos la novela como Rayuela?) se ha convertido en un sinsentido actualmente. La noción misma de una literatura nacional me parece discutible, al igual que es discutible la idea de un canon único y unidireccional.
Ya es bastante complejo tratar de entender qué une a un país con una geografía tan variada, una sociedad tan dividida e incluso multilingüe como Perú. ¿Cómo podría entonces alguien decir que tal autor representa inequívocamente a la literatura peruana? La ambición por apoderarse de la totalidad de la representación literaria del país (de cualquier país, pero sobre todo de uno como Perú) es anacrónica no sólo por darle la espalda al mundo que nos tocó vivir sino, sobre todo, por ir contracorriente de la noción de antitotalitarismo con la que hemos crecido. Porque querer representar al país y convertirse en la única voz autorizada es de un absolutismo insufrible y manifiesta un deseo dictatorial sólo justificable por las nociones políticas maoístas con que se educaron algunos de esos escritores. En un mundo donde cada vez existen más libertades individuales y más minorías reconocidas, donde estamos aprendiendo a reconocer al otro por sus diferencias, y donde la literatura mundial muestra una pluralidad como nunca antes, ¿por qué alguien querría escribir la gran novela peruana o latinoamericana y silenciar a los demás?
Desterremos la palabra "tolerancia", muy del agrado de estos escritores dispuestos a tolerar con buen humor a los que consideran minorías hegemónicas o excluidas, y propongamos a cambio "pluralidad". Y en vez de pelearnos por estar falsamente unidos en torno a una obligación, hagámoslo por defender la diferencia de los demás.

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10:28 p.m.

Eso que sucede en Perú pasa en todos lados. En mi República Dominicana hay un grupito de escritores que se han autoproclamado como la nueva generación, creen que están solos en el mundo y que sobre sus espaldas llevan el pesado futuro.

Es bueno abogar a la pluralidad, y dejar que todo el mundo aporte lo que tenga que aportar.

Saludos    



3:07 p.m.

paolo de lima ha refutado con argumentos tu artículo, te ha refutado a ti. deberías responder tú.    



4:47 p.m.

Tu dices:
"En un mundo donde cada vez existen más libertades individuales y más minorías reconocidas, donde estamos aprendiendo a reconocer al otro por sus diferencias, y donde la literatura mundial muestra una pluralidad como nunca antes, ¿por qué alguien querría escribir la gran novela peruana o latinoamericana y silenciar a los demás?"

Gran Novela Peruana, no, pero sí un canon que luego es trasmitido via ministerio de eduación a millones de escolares. Cuestionas la idea de un único canon, pero ¿haces algo por destruirlo? Si tu rollo fuera "así son siempre las peleas, así es la vida", no te diría nada, pero tú propones algo: pluralidad. Eso no se consigue simplemente diciendo "seamos plurales: cada uno por su lado", porque si los otros no tienen a dónde ir, eso suena a trafa. Deberías decir: "seamos plurales: ¿en qué puedo ayudar para que los de Huancayo lean a los de Huancayo, los de los conos lean a los de los conos?"    



6:04 a.m.

Yo no veo que Paolo de Lima haya refutado ninguna de las cosas que he sostenido en mi artículo. Su opinión demagógica sobre escritores hegemónicos y excluidos solo reafirma lo que digo en mi artículo; apenas en el hecho de colocar "pluralidad" entre comillas puede deducirse como una refutación a mi articulo. Pero no tengo nada que decir al respecto, salvo que para quienes han estado cerca (algunos dirían incluso pelogrosamente cerca) a ideologías con ambiciones totalitarias la palabra pluralidad les resultará siempre sospechosa.

Y en cuanto al anónimo, me gustaría saber qué hace él (más allá de escribir anónimos) por la literatura de un huancaino en Huancayo. Yo tengo un blog donde no subestimo ni discrimino la información, con la esperanza de que lean el mismo contenido en Madrid o en Huancayo. Eso es lo que hago: alcanzar la misma información a todos por igual. Esa es mi contribución a la literatura peruana. Y si un día aparece un escritor regional que sea tan interesante como los que menciono aquí sin duda aparecerá del mismo modo, no como un "minusválido" literario al que hay que apoyar porque tiene pocas oportunidades o freak sino como el creador auténtico que es.    



8:13 a.m.

Mi única contribución a esta discusión es pedirte que aclares tu posición, porque el texto que escribiste arriba se quedó cojo. Agradezco que lo hayas hecho. Sin embargo, esperar a que justo aparezca alguien frente a tus ojos (o frente a los ojos de quien sea) y que eso produzca pluralidad (que es algo que tú propones, no yo) no me parece suficiente. Si no crees que sea tu deber contribuir a que esa pluralidad se produzca, entonces tu texto está cojo en no aclarar cómo crees que se podría producir esa pluralidad (¿Universidades en los conos? ¿Integración de lo circuitos literarios de ciudades de provincias? ¿"Quipus" como el de GFP?)    



11:30 a.m.

Desde España: negar que existen "mafias" literarias es pecar de ingenuo. Llámale mafias o cuadrillas o cenáculos, lo que quieras, pero el mundo de la literatura es un mundo de números clausus, sólo que la repartición de números la hace un bobo. La pregunta hacia el pasado y hacia el futuro es ¿cuántos buenos y buenísimos escritores se perdieron y se perderán por no estar en la onda del momento, por ser nulos en la autopromoción?    



11:49 a.m.

Anónimo 11:30

Una pregunta cuya respuesta sólo puede ser hipotética es una pésima pregunta.

¿cuántos buenos y buenísimos escritores se perdieron y se perderán por no estar en la onda del momento, por ser nulos en la autopromoción?

Quizá miles, quízá ninguno. No se puede saber. Entonces ¿qué hacemos?

saludos

IVAN    



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