MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Vargas Llosa responde

Mario Vargas Llosa en Madrid. Fuente: Uly Martin/ el país

La presentación de Sables y Utopías (Alfaguara) en España ha dado pie para que Mario Vargas Llosa regrese a uno de sus tópicos centrales: el rol del intelectual en América Latina. Declaró en la presentación que cree que el escritor no debe considerar el compromiso como un deber perdido. Dijo:

Los intelectuales hoy no sienten la necesiad de comprometerse; creen que los sistemas políticos ya garantizan por sí solos la democracia, pero no es así... en América Latina todo está por hacerse, la democracia no está allí para quedarse. En ese contexto, el intelectual tiene la obligación de intervenir en el debate cívico. El debate fundamental es el de las ideas".

La nota también hace hincapié a algunas reseñas literarias publicadas en la recopilación:

Lezama Lima, Borges, Donoso, Octavio Paz, Cabrera Infante... y García Márquez y Cortázar. La galería de dioses literarios de Sables y utopías es rica en emociones. Dos autores destacan, por distintas razones, en el baúl de los recuerdos de Mario Vargas Llosa. Su reseña de Cien años de soledad, publicada en 1967 en la revista peruana Amaru vibra, es puro tributo: "Con su presencia luciferina esta novela tiene el mérito poco común de ser, simultáneamente tradicional y moderna, americana y universal, volatiliza las lúgubres afirmaciones según las cuales la novela es un género agotado". En cuanto a Cortázar, Vargas Llosa resumió así su admiración eterna hacia el creador de Rayuela: "Alguien genéticamente vacunado contra toda forma de oportunismo, algo nada fácil entre los escritores".

Ayer, en una charla digital con los lectores de "El País" dio algunas declaraciones literarias interesantes. Por ejemplo:
Estimado Mario, cuénteme por favor cómo llegó usted a la lectura de la trilogía Millennium. ¿Fue espontáneo? ¿Alguien se lo sugirió? Muchas gracias. Saludos desde Argentina.
Llegué a Millennium gracias al cine. Me metí a ver Los hombres que no amaban a las mujeres sin saber siquiera de qué se trataba. Me divirtió mucho y me quedé con curiosidad por el libro que la inspiraba. Compré el primer volúmen de la trilogía y prácticamente no pude para de leerlo hasta el final. Me pasó lo mismo con los dos volúmenes siguientes. Hacía tiempo que no me divertía y concentraba tanto leyendo una novela. No me extraña que les haya pasado lo mismo a tantos millones de lectores en el mundo.

Sé que es difícil elegir sólo una de sus obras, pero ¿de cuál guarda mejor recuerdo?
Tengo cariño a todas las obras que he escrito porque todas me han hecho vivir una aventura, pasar meses y a veces años tratando de familiarizarme con unos personajes y una historia hasta verla tomar cuerpo y vivir por cuenta propia. Ahora bien, uno tiende siempre a preferir aquello que le cuesta más trabajo y le toma más tiempo. En mi caso eso han sido Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo, La fiesta del Chivo y la novela en la que ahora trabajo y que se llamará probablemente El sueño del celta.

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10:11 a.m.

Mmm... con tirajes de 500 ejemplares, dudo que muchos de nuestros escritores locales tengan mucho tiempo para pensar en otro "compromiso" que no sea con sus bolsillos. Y no es una crítica, es que así está nuestra realidad.    



2:18 p.m.

Don Mario no deja de sorprenderme con su febril actividad y con su increíbleclucidez. Espero que editen este libro pronto en Argentina. Y a ver si los académicos suecos se deciden de una vez por todas a ungir con el Nobel a este enorme escritor.    



10:28 p.m.

Estimado Anónimo:

Es cierto que muchos escritores peruanos solo publican textos con un tiraje de máximo quinientas unidades. También es cierto que dichos escritores no disponen de mucho tiempo para pensar en otro compromiso que no sea el de sus bolsillos y, por qué no decirlo, el de sus estómagos. Pero hay que recordar (y no dejar nunca de recordarlo) que, pese a aquellas circunstancias, el escritor debe seguir persistiendo en su tarea estética y, sobre todo, en su rol de conciencia crítica. Esto no significa que el escritor está obligado a afiliarse a un partido político u optar por una ideología marcada. No. Lo que quiero señalar es que no considero que la literatura únicamente sirve para entretener. La buena literatura siempre es corrosiva; siempre, de alguna manera, espanta burgueses (y, por favor, no leas este término desde la perspectiva marxista. Asume que en vez de burgueses he dicho "las convenciones establecidas").

De otro modo, ¿para qué serviría la literatura? La literatura es el espejo que nos devuelve nuestro rostro monstruoso. La literatura (su ejercicio como lector o escritor) es un ámbito de la libertad, quizás el último reducto en donde no parecemos, sino somos, y somos en medio de un mundo que se cae a pedazos.

Saludos. Y buena onda.

Julio Meza Díaz.    



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