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Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Fresán sobre Mad Men

Serie de televisión e íconos literarios. Fuente: filmica.com

Dran Dreper, el protagonista de la serie Mad Men, podría ser un personaje creado por algunos mad men literarios (en este caso, sin la doble acepción "Hombres de Madison" y "Hombres locos" sino solo quedándose con la segunda). Al menos así lo cree Rodrigo Fresán quien se aprovecha de la serie -que va por su segunda temporada- para hacer semblanzas de algunos mad men culurales norteamericanos: John Cheever, Richard Yates, John O´Hara, John Upidke, Miles Davis. Dejo aquí, por ser extraordinarias, las semblanzas de John Cheever y de Richard Yates. Y -como me sucede con todas las recomendaciones de Fresán- voy corriendo a buscar la primera temporada de Mad Men, que no he visto:

JOHN CHEEVER
Era alguien que se ocupaba de contar las historias de hombres como Dan Draper. Hombres enloquecidos por la idea de que, se supone, tienen todo para ser felices y sin embargo hay algo que falla en el teóricamente perfecto producto de sus vidas. Eso que algún publicista tan astuto como Draper bautizó como el Sueño Americano pero que cada vez se confundía y se fundía más con la pesadilla del insomnio. “No nací en una verdadera clase social, y desde muy pronto tomé la decisión de infiltrarme en la clase media como un espía para poder atacar desde una posición ventajosa, sólo que a veces me parece que he olvidado y tomo mis disfraces demasiado en serio”, escribió Cheever en una entrada de sus Diarios. Y, de algún modo, todavía sigue allí. Nunca se ha ido y siempre vuelve: John Cheever (1912-1982) entró en marzo, por fin, en la canónica Library of America coincidiendo con la publicación de una nueva biografía firmada por Blake Bailey, que ya había publicado un perfecto y demoledor retrato de Richard Yates en el 2003: Tragic Honesty: The Life and Work of Richard Yates. Pero a no confundirse: para los antihéroes de Cheever —-para los nadadores, los maridos rurales o los hermanos siempre en discordia— existe, siempre, la posibilidad cierta de una redención epifánica con resabios de antiguas y divinas mitologías. Dan Draper, creo, no goza de ese privilegio.

RICHARD YATES
Y, mucho menos, los muy tristes personajes del tristísimo Richard Yates (1926-1992), a quien tan poco han comprendido el director Sam Mendes y la actriz Kate Winslet y el actor Leonardo Di Caprio. Entro a ver ilusionado la adaptación fílmica de Revolutionary Road y a los diez minutos comprendo que hay algo —mucho— que no funciona. La adaptación de Mendes es, paradójicamente, tan mal teatro como la obrita amateur con que arranca la película. Lo que en las novelas de Yates es una prosa seca y de dientes apretados aquí se convierte en alarido melodramático y, claro, Di Caprio está condenado a lucir, siempre, como si se hubiera puesto la ropa de su padre y jugara a ser mayor. Di Caprio es, apenas, un hombrecito loquito; y no puedo evitar imaginarme lo bien que habría estado alguien como Edward Norton —o, ya que estamos, Jon Hamm— en el rol de Frank Wheeler. Winslet no hace mal lo suyo pero, otra vez, la misma incómoda sensación que uno ya tuvo en Titanic: la de ver a una mujer aprovechándose de un niño. Tal vez deban filmar juntos —Winslet sería una magnífica Mrs. Robinson y Di Caprio un perfecto Benjamin Braddock— una remake de El graduado, otra de hombres locos. Así que salgo del cine y entro en una librería y no puedo resistirme a la flamante edición conjunta de las novelas Revolutionary Road (1961) y The Easter Parade (1976, mi favorita entre las suyas) y el legendario volumen de relatos Eleven Kinds of Loneliness (1962) que le ha dedicado la Everyman’s Library al ahora súbitamente hot y cool Yates. Las dos primeras han sido recientemente publicadas por Alfaguara con los títulos de Vía revolucionaria y Las hermanas Grimes, el tercero fue publicado hace unos años por Emecé Argentina, y yo ya tengo todos por separado. Pero hay un placer raro en comprarse libros que ya se tienen. Y el prólogo de Richard Price justifica la inversión. Allí se lee: “El territorio de Yates se ubica ligeramente al Sur de Cheever, al Oeste del de O’Hara, al Este de Carver y al norte de Tobias Wolff y Richard Ford”. Price cuenta cómo conoció al entonces perdedor y olvidado Yates y lo define así: “Se nutría de rencores, era una incubadora de desaires. Sus dioses personales eran Hemingway y Fitzgerald. Estaba amargado. Tenía todo el derecho del mundo para estar amargado. Estaba realmente amargado”.

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8:40 p.m.

Hola Iván. Sí, absolutamente tienes que ver "Mad Men". Está muy bien hecha la primera temporada. Realmente esta serie te transporta -los conflictos, las mentalidades, los espacios físicos y la ropa- a ese mundo de comienzos de los años 60, época de gran riqueza y ansiedad (the organization man).
El último episodio, The Carousel, es para verla varias veces. Puro nudo en la garganta. Te vas a enamorar de varias de las protagistas. Y, Jon Hamm...Jon Hamm...

P.S. Entiendo lo que dice R. Fresán acerca del 'miscasting' de Leonardo Di Caprio como Frank Wheeler en la película de Mendes, pero creo que como Frank es tan niño/hombre (casi parece un huérfano de padre que no sabe realmente cómo hacerse hombre...ver la comparación inicial de sus manos con las de su padre, ehem, ehem...) que esas características del actor funcionan de manera eficaz en este rol. Justamente por eso creo que un hombre tan carismático y masculino como Jon Hamm no estaría tan bien haciendo de Frank Wheeler. Pero de repente sí Edward Norton.

Saludos,
**C.    



8:32 a.m.

Pensando en el tema de este post, quiero recomendar un escritor estadounidense muy bueno, el no suficientemente reconocido Kevin Canty. Hay bastante información sobre sus libros en Amazon. Sus colecciones de cuentos, particularmente, son muy fuertes, y parece que su última novela también.    



7:55 a.m.

Don Draper y su familia viven ni más ni menos que en Ossining, Nueva York, clásico territorio de John Cheever. Y un guiño de ojo adicional a Cheever: los Draper viven en una calle que no existe en realidad que se llama Bullet Park. "Bullet Park" es el título de una novela de Cheever.
Sí pues, como señala R. Fresán, esta serie creada por M. Weiner existe en gran parte gracias a Cheever y Yates. Igual que muchos de nosotros que nacimos en la era justo antes del asesinato de John F. Kennedy, Matthew Weiner está fascinado con esta época tan aparentemente conformista y con el tratar de entender el mundo de sus padres, de ver cómo finalmente explotan los '60.

Detalle absolutamente frívolo pero cierto, Iván: una de mis tías le hacía 'babysitting' a los hijos de Cheever.    



9:14 a.m.

Sí Iván, corre a por ella, yo escribí algo sobre Mad Men en mi blog
http://bcarcelona.blogspot.com/2009/02/semana-5.html
Abrazo    



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