MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Vampiros por Fresán

Dientes de Drácula. Fuente: cachibromas

La publicidad que ha conseguido la serie novelesca Crepúsculo de Stephenie Meyer, y sobre todo su versión cinematográfica, ha puesto de moda a los vampiros. Ahora todos hablan de ellos, aparecen libros sobre vampiros, perlículas, etc. Rodrigo Fresán no ha perdido tiempo en meter su cuchara al respecto, aunque guardando las necesarias distancias con la Mey:

Poco y nada bueno se puede decir de las cuatro novelas juveniles de Stephenie Meyer salvo admirar -pero no respetar- la maquiavélica agudeza de sus mordidas. La ecuación que resolvió Meyer -quien, casi orgullosa, ha declarado no haber leído nunca Drácula porque le da miedo la sangre- fue la de intuir que, cerradas las puertas de la academia de Harry Potter, quedaba sin nada que hacer un nutrido grupo de egresados en una edad donde los infantiles trucos de magia ya se ven superados por las tretas misteriosas de la adolescencia y del despertar del sexo. Lo que ha hecho -o deshecho, con pésima prosa- Meyer es trasladar el imaginario de Shakespeare, Austen y las hermanas Brontë a un contexto de High School Musical con vampiros diurnos, guapísimos, sin dentaduras afiladas, conservadores más que bien conservados y muy respetuosos de los ritos matrimoniales.

Por otra parte, como dice Fresán, estamos solo ante la punta del iceberg o del colmillo. Se viene un reguero de sangre, de cuellos mordidos y de habitantes lívidos. Anota Rodrigo algunos vampiros que vendrán, y algunos que ya están instalados en la celebridad:

(...) unos y otros son, apenas, la punta del iceberg y del colmillo de un mito multifuncional que regresó con fuerza en la débil La historiadora, de Elizabeth Kostova, hace unos años, y volverá -uno de los éxitos de la última Feria del Libro de Fráncfort- con una trilogía virósico/vampiresca de Guillermo del Toro. Porque los vampiros dan para todo, Drácula hace flamear su capa en múltiples secuelas (donde suele encontrarse con Sherlock Holmes y Jack el Destripador; contraer matrimonio con la reina Victoria, como propone Kim Newman en su Anno Drácula; o contar su versión del asunto como en la ocurrente The Drácula Tapes, de P. N. Elrod); pero lo que se mantiene es un mismo sentimiento: la fascinación y el temor que nos produce aquello que viene de afuera. De este modo, las grandes novelas de la especie no han hecho más que mirar fijo a los ojos esa idea. Salem?s Lot, de Stephen King (donde los vampiros convierten el pueblo chico en infierno grande); Soy leyenda, de Richard Matheson (donde el hombre es el «monstruo» solitario y los vampiros, mayoría); El tapiz del vampiro, de Suzy McKee Charnas (donde el vampiro es un darwiniano depredador rey); Entrevista con el vampiro, de Anne Rice (donde se nos cuenta la compleja y secreta sociedad del vampiro), o Déjame entrar, del sueco John Ajvide Lindqvist (donde niña vampiro y enamorado pedófilo vagan por la proletaria Estocolmo), vuelven una y otra vez sobre lo mismo. Lo de antes: la atracción de lo distinto -Salma Hayek ondulando su cuerpo de vampiro azteca o Brad Pitt mostrando los dientes- y los encantos de sucumbir a la tentación de ser otro sin por eso dejar de ser uno mismo.

En tres palabras: volver a empezar.

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1:47 p. m.

no es Mey, sino Meyer.

Saludos,    



1:58 p. m.

Ja,ja,ja,ja, qué feroces palabras contra ese libro.    



4:25 p. m.

Alguien me podria explicar porque la saga de la Meyer tiene mas acogida entre las chicas???

Tengo un hijo de 13 que es fanatico de sus novelas...    



3:46 p. m.

Señal de los tiempos: hemos llegado a vampirizar las novelas de vampiros. Lo que no implica que sean malas historias, incluso el poeta Rodolfo Hinostroza les ha dedicado un cuento, "Memorias de Drácula", en el cual el conde transilvano no muere y convierte a toda la humanidad al vampirismo.

Respecto a la acogida de las historias de Stephanie Meyer entre los adolescentes, debe ser por la misma razón por la que algunos fuimos fans de "Candy": la historia de amor imposible que está detrás. O sea, una historia (h)EMOfílica.    



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