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Grass y la SS


[BABELIA ] A raíz de la publicación de su libro de memorias Pelando la cebolla, y la revelación en sus páginas de que perteneció a las tristemente célebres Waffen-SS, el escritor alemán Günter Grass ha acaparado la atención del mundo de las letras de este fin de semana. El diario español "El país" ha hecho un interesante seguimiento del tema. Primero, publicó una entrevista del diario "Frankfurter Allgemeine Zeitung" en la que el premio Nóbel confiesa que se enroló voluntariamente a los quince años: "Al principio, lo que me importaba era escapar de todo aquello. Del agobio, de la familia. Quería acabar con todo, y me alisté por ese motivo. También esto es curioso: me alisté, tendría unos 15 años, y luego de hecho he olvidado todo lo que precedió a aquello. A muchos de los de mi quinta les pasó algo parecido: estábamos en el servicio laboral, y de repente, un año después, teníamos la orden de alistamiento sobre la mesa. Y después me di cuenta, quizá al llegar a Dresde, de que estaba en las Waffen-SS", además de afirmar que su permanencia en la SS no implicó crímenes de guerra sino tan solo un "entrenamiento muy fuerte". Por otra parte, Juan Cruz escribe un extenso artículo en el que reconoce que el autor jamás negó su permanencia en la juventud nazi, aunque si ocultó que fue en las tropas de la SS. Hace bien Juan Cruz, además, en subrayar que pese a esa militancia casi púber, la obra principal de Grass está vinculada a denunciar el horror nazi: "Esas mismas biografías recuerdan que Grass sirvió en las filas del ejército alemán como artillero de tanques; fue herido y capturado por fuerzas norteamericanas, que luego le liberaron. Trabajó en las mismas, estudió arte en Düsseldorf y Berlín, y en los años cincuenta se fue a vivir a París, donde escribió El tambor de hojalata, un éxito mundial. Fue El tambor de hojalata -la historia de un niño, Oskar, que se niega a crecer y que tiene una facultad extraordinaria: su voz destroza objetos, es ensordecedora- una metáfora contra el nazismo, que después ha sido leitmotiv de toda su obra".

Finalmente, el día de hoy Cecilia Fleta hace un recuento de cómo esa confesión ha dividio en dos a los intelectuales alemanes: algunos opinan que "más vale tarde que nunca" y otros ponen incluso en cuestionamiento su premio Nóbel (¿?) debido a lo que hizo a los quince años. Dice el artículo: "Günter Grass, el escritor vivo más reconocido de Alemania, siempre se apresuró, en debates sobre la culpabilidad histórica, a levantar el dedo contra quienes relativizaban la culpa de los alemanes. Era la conciencia de la nación. "El apóstol de la moral se baja del pedestal", titulaba ayer uno de sus editoriales el diario de Colonia Kölner Stadtanzeiger. Los alemanes revisan ahora, decepcionados, todos los debates sobre la memoria histórica en los que participó Grass y sienten que su silencio es tan grave y ofensivo como una monumental mentira (...) Con su silencio perseverante queda desvalorizada la obra moralizadora de Grass, no la de ficción", sentenció el historiador Michael Wolffsohn en un artículo publicado en el portal de noticias Netzeitung. "Cuando preguntan a Günter Grass si no se le pasó el momento oportuno para hablar de su pertenencia a las SS, responde que no lo sabe. Yo sí lo sé", sostiene Wolffsohn. Para este historiador nacido en Israel, la ocasión hubiese sido en 1985, cuando el entonces canciller Helmut Kohl y el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, realizaron juntos una visita al cementerio de Bitburg, donde también estaban enterrados miembros de las SS. Por lavar la imagen de las SS, y en especial de la Waffen-SS, Reagan y Kohl fueron criticados por muchos, dentro y fuera de Alemania. Entonces, en abril de 1985, Günter Grass tenía que haberse levantado y declarado: 'Yo también estuve ahí".
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