MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Carlos Fuentes sobre Enrigue

Carátula de la novela. Fuente: letraslibres

No sé si habrá sido la campaña iniciada por Moleskine Literario "Regálenle libros de Anagrama a Carlos Fuentes en Navidad" o si, finalmente, el boomer mexicano ha descubierto que "no sólo de Crack vive el hombre" y hay otras drogas igual de potentes, pero la cosa es que Fuentes acaba de escribir extensa y muy elogiosamente sobre la novela de Alvaro Enrigue Vidas perpendiculares (Angrama) y en este blog todos estamos muy felices por lo que consideramos una batalla ganada. Tampoco sé si felicitar a Alvaro por los elogios o a Carlos Fuentes por el fin de su miopía. Probablemente, a los dos. Dice la nota en "Babelia":

La excelente novela de Álvaro Enrigue Vidas perpendiculares pertenece a una -a muchas- tradiciones y hace gala de todas ellas. La situación inmediata oculta las tradiciones mediatizadas. Estamos en Lagos de Moreno, Jalisco, donde don Eusebio es panadero y casado con Mercedes, madre de Jerónimo, que será el centro de la narración. En Lagos se vive "entre la misa y las vacas" y se cree implícitamente en "la hegemonía cultural jalisciense". Capturado en "los parámetros del catolicismo militante mexicano de provincia", Jerónimo habla muy poco y pasa por retrasado. En realidad, posee el don del recuerdo. Su secreto es su memoria. A partir de ello, de manera en apariencia sucesiva, Jerónimo nos conduce a sus múltiples "pasados". Ha sido un cazamonjes asesino, padrote y explotador de putas en el Nápoles español del siglo XVII. Ha sido una muchacha griega en la Palestina del siglo cero. Ha sido un brahmán hindú en un tiempo perdido. Y ha sido, sobre todo, vástago anónimo de una tribu sin nombre en la aurora del tiempo. Vienen a la mente del lector antecedentes tan célebres como el Orlando de Virginia Woolf, donde el personaje del título recorre el tiempo histórico cambiando de sexo en las distintas épocas que van de un Londres congelado y revivido por la música de Handel, a Constantinopla, a Inglaterra entre las dos guerras mundiales. Orlando traza un devenir, al cabo, lineal -del pasado al presente- en el que cambian el tiempo histórico y el sexo del personaje. En Vidas perpendiculares, en cambio, no viajamos del pasado -o los pasados- de Jerónimo a su presente jalisciense. Los "pasados" de Jerónimo no se suceden. Sólo suceden, uno al lado del otro, no en progresión, sino en simultaneidad temporal. Ésta es no sólo la diferencia, sino la gran apuesta de Enrigue y es la apuesta de la novela a partir de Joyce. Trascender la narración sucesiva por la narración simultánea. Darle a la novela la misma instantaneidad que a la pintura, trátese de Velázquez, que nos da el cuadro inmediato de Las meninas, o de Picasso, que lo descompone en sus partes para ir de la narrativa al hecho de narrar: todo se descompone, todo se multiplica (...) Creo que esto es importante para leer Vidas perpendiculares, porque Enrigue da un paso de más. Su novela pertenece al universo cuántico de Max Planck más que al universo relativista de Albert Einstein: un mundo de campos coexistentes en constante interacción y cuyas partículas son creadas o destruidas en el mismo acto. Saber esto no es indispensable, desde luego, para leer y disfrutar las Vidas perpendiculares de Enrigue. El talento narrativo del autor trasciende sus posibles orígenes teóricos para entregarnos el sentido -o, mejor, los sentidos- de cada época simultánea a la vida del joven Jerónimo en Guadalajara, en una escuela jesuita de Estados Unidos y en una ciudad de México admirable -y novedosamente- presentada en su hora mejor, la más desolada, y en su hora más desolada, "triste como un boliviano". (...) Creo que la estrategia narrativa de este inteligentísimo autor culmina en unas páginas de un poder arrasante -tormenta, terremoto- en las que el narrador ha perdido -o aun no tiene- su identidad, sino que es parte de la gran jauría pre-histórica, la manada de la aurora de los tiempos, la tribu del origen que corre por el cerro del lobo, mitad animales, mitad hombres, siguiendo con instinto a la vez obediente y feroz al jefe, al único que consiente imitación...

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