MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Entrevista en Página12

Tapa de la entrevista: página12

Así como he dicho que era previsible la lectura en el Perú que me acusaran de superficial, así como la lectura que sostuviese que al contrario, había adquirido madurez y profundidad, lo que sí no tenía previsto para nada es tener lectores tan buenos y entusiasmados con mi obra en el exranjero. Hace unos días recibí las preguntas de Silvina Friera (la entrevistadora estrella del diario argentino Página12) para una nota de tapa. ¿En realidad me iba a dar la tapa de Cultura de Página12 con mi primera novela publicada en el exterior? Sí, iba en serio. Hoy apareció la extensa entrevista que tiene, además, unas acotaciones de Silvina Friera (califica mi novela de "excepcional") que me entusiasman muchísimo por ser de una gran lectora como ella, y ajena a los tejemaneje de la literatura peruana además. La nota empieza así:

Una certeza se impone después de leer la excepcional novela del escritor peruano Iván Thays, Un lugar llamado Oreja de Perro (Anagrama), finalista del premio Herralde 2008. Todos vivimos en un ámbito parecido, no importa cómo se llame ese pueblo o ciudad y dónde esté ubicado. Todos, hombres y mujeres, tenemos que asumir que, ante dolores inefables, es bueno rendirse y no seguir luchando, recoger los restos y empezar de nuevo. Asumir más que la derrota, las pérdidas. Aunque la culpa sea una mochila pesadísima; aunque la idea de olvidar resulte imposible porque, al fin y al cabo, “la memoria es una espía”. (...) El periodista no puede evitar preocuparse por el pasado, por los que han desaparecido de su vida, y por el presente. Lo extraordinario de esta novela es el modo en que se amalgama la evocación de la tragedia individual con la colectiva. Respetado y admirado por sus compatriotas Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique y Alonso Cueto, Thays cuenta en la entrevista con Página/12 por qué demoró ocho años en publicar Un lugar llamado Oreja de Perro. “La verdadera tensión que sentí en esos años fue la de publicar o no un libro en el que, de manera concreta, hablaba de la muerte de un niño que tenía la edad de mi hijo”, explica el escritor peruano. “La razón por la que el protagonista no puede escribir la carta a Mónica se debe, esencialmente, a que él es un autista, un hombre incapaz de comunicarse con el mundo exterior. Por eso, cada vez que quiere escribirle a Mónica, termina refugiándose en su cuaderno, que es una voz interior, como gritar dentro de un pozo.”

Coloco a continuación algunas de las preguntas y respuestas de la entrevista:

El protagonista dice que le atrae el tema del mal. Si usted siente una obsesión por este tema, ¿de qué modo le interesa explorar el mal o responder a la pregunta es esto el ser humano?

–Me interesa el tema del mal, pero en ese contexto concreto, no como algo metafísico o fantástico. Aún me parece asombroso, misterioso, que una persona, pudiendo escoger hacer el bien, decida hacer el mal. Que un gobierno prefiera invertir en armas antes que en remediar el hambre. Que un vecino prefiera botar la basura en el jardín del vecino, pudiendo hacerlo en el suyo. Hay que invertir el mismo esfuerzo en hacer el mal que el bien. Pero no parece tan fácil optar por lo obvio. ¿Es eso el ser humano o el mal es un error, un desvío? No sé qué contestar, pero cada vez soy más escéptico.

Es notable que mientras el periodista intenta olvidar, que lo dejó su mujer, que se murió su hijo, en el ambiente de Oreja de Perro sucede lo contrario: todos quieren recordar. ¿Considera que la mejor estrategia para narrar episodios dolorosos del pasado de un país reside en apoyarse más en los dolores íntimos que en los políticos?

–Sí, si no existe un dolor individual, el dolor colectivo no afecta a nadie, son sólo cifras. Tiene que haber un punto de intersección entre el Gran Dolor y nuestro dolor pequeño, concreto, incluso intrascendente, pero profundamente cierto.

Daniel Alarcón, Alonso Cueto, Santiago Roncagliolo y usted son algunos de los escritores peruanos que han demostrado un interés por la violencia política y el pasado reciente. ¿Por qué la ficción en Perú está más permeable a estas temáticas en los últimos años?

–En mi caso particular, luego de escribir novelas que ocurrían en lugares imaginarios o tenían como protagonistas a adolescentes ingeniosos, el escribir sobre la violencia política ha sido visto en mi país como una falsedad y me acusan de frívolo. Lo que no son capaces de descubrir es que la violencia política nos afectó a todos. Yo, gracias a Dios, no tuve ningún muerto cercano por culpa de aquella violencia. Pero de todos modos, durante doce años viví en el Perú aquellos años y me resulta difícil entender que alguien pretenda que ese tema no me afecte o no afecte a Santiago, Alonso e incluso Daniel.

El periodista asume que se está convirtiendo en un tipo lleno de patologías, con fobia social, incapaz de relacionarse con los demás. ¿Por qué este tipo de patologías es tan frecuente en el mundo del periodismo y la literatura?

–Quizá porque los que no podemos decir las cosas claramente, tenemos que decirlas por escrito. ¿Te has dado cuenta de la cantidad de libretas y cartas y diarios y agendas de escritores que existen? En ese sentido, recomiendo mucho Prosas apátridas, de (Julio Ramón) Ribeyro, las anotaciones de un autista que a veces conversaba con los demás. Por eso, mi blog se llama Moleskine Literario, son cosas que escribo para mí aunque la puedan leer todos. Pero aprovecho la pregunta para decir una cosa: mi narrador no pretende ser escritor de ficción, como he leído en una crítica, no pertenece a ese tipo de personajes. Mi narrador sólo quiere escribir una carta.

–¿Cómo se escribe sobre la muerte de un hijo? ¿Con qué dificultades se topó en esa zona de la novela donde el protagonista recuerda la muerte de Paulo?

–Fue muy muy muy difícil. No quisiera volver a pasar por esa experiencia. Aún hoy no sé cómo me atreví. Y esa fue la principal razón por la que la novela no se publicó durante años, pese a estar terminada. Pero luego escuché Beautiful Boy, de John Lennon, para Sean y supe que el único sentido que podía darle a mi novela es que se convirtiera, para Andreas, mi hijo, en un mensaje o un consejo por si un día no estoy más: “No desees lo que no es para ti, pide siempre sólo aquello que te pertenece”. El aún es muy pequeño para entenderlo, creo.

–“Hay algo profundamente erróneo en los viajes. Moverse del punto A al punto B. Optar siempre por la línea recta”, se lee en la novela. ¿Ese sentimiento lo acompaña a usted cuando viaja?

–Sí, siempre. Por eso sólo viajo cuando sé que en el punto B voy a encontrarme con un amigo. Si no fuera por Pedro Mairal, jamás intentaría viajar a Buenos Aires, por ejemplo. Cuando era un adolescente estuve dos veces. Era una aventura. Tomábamos buses por todo Chile y luego un tren desde Mendoza hasta Buenos Aires. Compraba libros en la calle Corrientes. Hace medio año regresé, después de veinte años de ausencia. Fui muy feliz ahí, porque viajé con alguien a quien amaba, pero todo se destruyó después y el recuerdo es amargo. Ahora quiero volver para hundirme en el sofá de Pedro y leer todo el día. Además, admiro profundamente a las editoriales independientes argentinas. Publicaría en ellas a ojos cerrados.

¿Por qué no está más en la televisión Vano oficio?

–Porque un gerente de TV, siete años después de estar en el aire, descubrió que yo tenía frenillo y alguien que no puede pronunciar las vibrantes múltiples no puede hablar de libros.

Es curioso que se haya convertido en un “espectáculo” la presencia de los escritores en varios festivales, como el Hay en Cartagena, pero que en la televisión no suceda lo mismo. ¿Qué opina sobre este fenómeno en el que el escritor parece haber salido del armario y se lo quiere ver, escuchar, pero tiene en parte “vedada” la televisión?

–Pero, ¿no existe en Argentina un programa muy exitoso donde los escritores deben incluso actuar frente a Juan Sasturain? Acá eso sería imposible. A pesar del irónico título que tenía mi programa, Vano oficio, yo creo que en la literatura el espectáculo tiene un sentido único: permitir que tus libros existan. Nada más. Algunos lo consiguen escondiéndose en sus casas en New Hampshire y pidiendo adolescentes por delivery. Otros salimos a las calles y nos tomamos un café con nuestros lectores.


Finalmente, la nota se refiere a este Moleskine Literario:

Hace cuatro años Thays creó el blog Moleskine Literario, simplemente como una prueba, a ver si era tan fácil y tan gratis. “Quería hacer un resumen de las manías y obsesiones y pataletas y tristezas y alegrías que tenía cada vez que leía una noticia en el diario. Mi lucha diaria es que todos se enteren de que Moleskine no es la agencia EFE, sino mi cabeza arbitraria y maníacodepresiva puesta en letra arial y con fotos de Google”, plantea el escritor.

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9:22 a.m.

En la pregunta 3, al no aclararle a la periodista que està equivocada, implicitamente estàs aceptando lo que dices:que ants de Roncagliolo o Cueto no habìa literatura sobre la violencia.    



9:57 a.m.

pero así no te guste, para lectores como yo, que nos mantenemos en el anonimato: no, nos parece una novela madura.    



10:10 a.m.

Bueno, esa es tu opinión. Pero siendo anónima, no puedo juzgar qué hay detrás de ella, así que puedo prescindir de la misma, ¿no es cierto?

saludos

I.    



8:24 a.m.

Es que hay algo que no comprendes y que estimo no comprenderás jamás: no todas las críticas tienen algo detrás. Para ti, las críticas adversas siempre conllevan una motivación oscura, de aguafiestas. Insisto no es el libro maduro que algunos señalan y a mí me gusta otra novela tuya (muy vanidosa por cierto) pero no me gusta por una razón que sueles esgrimir: porque es un juego literario bien armado que seduce. Además, así firmara mi comentario; igual prescindirías de él. Ya que no soportas reparos.
Saludos del mismo modo.    



9:25 a.m.

Di lo que quieras de mí o de mi obra, pero no aquello que "no soporto reparos" porque en este blog aparecen muchísimos reparos a mis posts, algunos muy agresivos y otros con insultos incluso, y he dejado pasar todos (menos los groseros).

Al menos reconoce eso ¿no?

IVAN    



12:15 p.m.

y dónde queda cabrera urteaga y Los hijos del orden??? a leer más,pana... o al menos a darle el verdadero lugar que merecen quienes los merecen. O también vetarás este comentario como lo hiciste con el artículo de tu compatriota rimachi que te envié sobre caicedo? no pues, así no es.    



11:26 a.m.

Lo de tu actitud con los reparos no lo varío por una razón. A mí no me parece tan tolerante con las objeciones, una persona que expresa que no puede juzgar una opinión adversa, ya que no sabe qué hay detrás de ella. Como alguna vez dijiste tú, las opiniones contrarias a tu obra no tienen porque arrastrar odio personal.    



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