MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Los disfraces de Gabriela Wiener

Gabriela Wiener disfrazada de Gatúbela, según Andreas. Fuente: Planeta

Hoy Andreas se levantó, cogió uno de los libros que estaban sobre la mesa de noche y me preguntó: “¿Quién es ella?” Pasé saliva. Pensé que por culpa de Gabriela Wiener y su libro Sexografías, y en especial por su foto de contratapa (que ilustra este post), iba a tener que darle a mi hijo (seis años cumplidos el lunes pasado) un curso acelerado de sexo, empezando por la historia de las abejitas hasta llegar a eso de los swingers. Felizmente, antes de empezar se me ocurrió preguntarle: “¿Por qué?” Me respondió: “Porque parece Gatúbela”. Pude sonreír aliviado (hasta que el psicoanálisis no diga lo contrario). Gabriela con lentes oscuros, pelo lacio y largo como cascada sobre medio rostro, escote y short jumper es demasiado hasta para un niño. No sé si a ella le gustaría ser Gatúbela, no creo que le disgustaría en todo caso, pero lo que sí sé que le van bien los disfraces.

Sexografías es un libro de disfraces. En una lectura rápida, uno podría pensar que Gabriela se está exponiendo demasiado, incluso ofreciendo su propio cuerpo como carnada para una crónica. Pero eso no es necesariamente cierto. Salvo en el último relato (titulado “Babies” y en el que habla de la maternidad), en todos los demás Gabriela está disfrazada. A veces ese disfraz incluye, además, un traje. En la mayoría, solo es la voz apenas modulada, la actitud agresiva y en especial la mirada la que va encubierta. Gabriela es una cronista distante y aguda que se disfraza de periodista–gonzo-con-ganas-de-vivir-la-vida-loca para que le hagan más caso y obtener toda la información que, de otro modo, no podría obtener. Juego y provocación, dos elementos químicos altamente explosivos mezclados en el tubo de ensayo una y otra vez. A veces, el resultado es una prosa demasiado snob y pretendidamente “ingeniosa” para ser realmente filosa (hablando del gurú y multiesposo Badani dice “Si Badani fuera un electrodoméstico, sería uno que corta, pica y raya a su interlocutor a miles de revoluciones por segundo.” Y estamos solo en la primera frase del primer texto). Pero en la mayoría de casos, Gabriela consigue lo que busca: entender el sexo no como un casillero aparte en la vida de todos nosotros sino como un tema complejo, sofisticado incluso en su crueldad y en sus posibles variaciones, ambiguo y siempre excitante, como la vida misma debería serlo. A veces hay que dejar que un actor porno derrame un poco de semen en tu zapato para comprobar que el sexo, al fin y al cabo, no es necesariamente eso. Todas las historias del libro, por más escabrosas, confusas o raras que parezcan, nos conducen siempre al final: una mujer embarazada que lleva en su vientre al “futuro”. Los freaks, al fin y al cabo, son los demás. Los que no entienden eso y piensan que el sexo es un ente autónomo alejado de la vida. Los que no son capaces de descubrir que una mujer embarazada, (aunque se masturbe de vez en cuando viendo un canal cutre de sexo o quizá, justamente, porque lo hace), es una celebración de la vida adquieriendo cada día sentido. Un sentido que luego se desmonta para volver a reformularse al día siguiente, siempre el mismo pero siempre distinto.

¿Esa fue la intención de Gabriela? No tiene importancia si a fin de cuentas eso es lo que dice el libro. Detenerse en lo anecdótico de un bar de swingers o del látigo de Lady Monique, seguir la ruta de los transexuales en Lima, aprender palabras nuevas como “Furrymanía” o “Metapornosis”, y descubrir que Gabriela era una freak hasta que se operó los sobacos resulta atractivo, pero no es suficiente. Entender que Gabriela y no el sexo, en realidad, es la auténtica protagonista de estas historias -¿gabygrafías?- tampoco es tan importante. Rodrigo Fresán la llama “suerte de Marco Polo hembra y X-rated”; he ahí una frase ingeniosa. Gabriela tiene varias por el estilo, extraordinarias, pero ni siquiera es eso lo que convierte este libro en un texto notable. Lo que sucede en realidad en Sexografías es que Gabriela, al igual que el depresivo David Foster Wallace (o hipotéticamente su ídola Louise Lane), también es capaz de convertir algo tan ridículo como el mundo de los cruceros mastodónticos –en su caso, por ejemplo, la existencia de dealers pornográficos o las muñecas de la infancia- en una interrogante sobre la condición humana.

Gabriela Wienner es la chica en medio de toda esa legión de falocéntricos y casi misóginos cronistas brillantes que apareció en Etiqueta Negra, con el maestro Julio Villanueva Chang a la cabeza. Como sabe todo aquel que ha visto Seinfeld, la presencia de una chica en medio de un grupo de hombres es fundamental. No es solo una adición más, sino un factor que cambia completamente la ecuación. Gabriela ha llegado más lejos que ninguno de sus compañeros, ha sido más osada en su lenguaje, más malcriada, más despeinada, más X-rated, más divertida. Mientras que todos los demás intentan ser inteligentes y agudos (a veces con éxito), Gabriela simplemente lo es, aunque a costa de ciertas imperfecciones de estilo y boutades. Mientras los otros investigan en hemerotecas, Gabriela parece ser más onda Google y lentes oscuros para entrar a los bares de single acompañada de J., su héroe enmascarado justamente. Gabriela es la hermanita menor y descarada en medio de tanto joven turco que sueña con publicar en The New Yorker o pisar las huellas dejadas por Kapuscinski por todo el planeta. Qué suerte que existe una Gaby para que existan, en su exacta dimensión y diferencia, los demás.

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8:03 p.m.

Guau, me encantò las palabras que estuvieron por aquì...Y la foto, ni què decirlo, a cuàntos inducirà al sexo... Bien por ella. Suerte.    



3:12 a.m.

Excelente blog.
Saludos.    



4:59 a.m.

Iván Thays, lamento haberte puesto en aprietos. La verdad me siento muy cómoda en el papel de Gatúbela. De hecho soy gato en el horóscopo chino. Creo que Andreas ha dado en el clavo y tú también. Miauuus de emocionado agradecimiento.    



8:19 a.m.

http://www.letraslibres.com/index.php?art=13532    



9:21 p.m.

Este post, dejando de lado la anécdota de Andreas, es sobre todo una reseña ¿no?
Creo que sería chévere que cuelgues el post en tu blog de reseñas, quizá puedas aprovechar para añadir o modificar algo allí.    



9:57 a.m.

Sí pues, voy a empezar a hacer reseñas para el Moleskine. Esta es la primera de ellas. Estoy preparando una sobre "La hora entre el perro y el lobo" de Silke Scheuermann y "Los vivos y los muertos" de Edmundo Paz Soldán.

Pero la anécdota de mi andreas es parte de la reseña

saludos

IVAN    



11:11 a.m.

Disculpa. Buena nota, pero que "no se ofrece como carnada"???

Si en el programa de Beto Ortiz salió jalándose el polo, abriéndose de piernasa la cámara, o me van a decir que es un disfraz?, se disfraza de ella misma en todo caso.    



11:19 a.m.

Sí,bien mirado, tienes razón, forma parte de la reseña. Quizá la respuesta de Andreas dio pie a que notaras mejor el tema de los disfraces, y de ese modo al enriquecerla, la anécdota se integró en la reseña.
En mi caso, prefiero leer reseñas después de leer el libro; pero las tuyas son tan buenas que muchas veces me hacen cambiar de hábito.
Gracias.    



12:37 p.m.

Anónimo de las 11:11

jajaja felizmente Andreas no puede mirar TV a esa hora...

(con lo de "carnada" me refería a su libro, no a sus presentaciones en TV)

saludos

IVAN    



8:00 p.m.

Gabriela mezla adecuadamente las palabras para que se conviertan en un melodrama adrenalínico (macho o hembra), aunque a veces aquel pan con mango sólo se quede en una vanidad patética y bizarra, sobre todo en aquellas grandes caídas en las que me sumergí gracias a los momentos menos licenciosos de su inspiración, probablemente. Lo digo porque mi olfato sexual es apremiante, y de hecho, e innegablemente, una mujer puede ser más juiciosa al analizar la verdadera intención de la autora. Sin embargo, el libro está logrado. Es húmedo e inteligente, por ende peligroso
Para escribir fuerte y claro no sólo se necesita ser un ratón de biblioteca, como lo es Gaby aunque no aparente, sino también dotarse de ego, personalidad, soltura y mucho sexo por un año!!! Aunque, una vez más, apriete a mi doble moral. Iván, el comentario es atinado, sin embargo, al leerte y releerte me encuentro ante alguien a quien le cuesta decir !qué rico que huele SEXOGRAFÍAS! y dice, por el contrario: "el sexo no se aparta de la vida misma" (a modo de ejemplo, no es explícito) He allí la diferencia entre Iván y Gaby, y desde luego que no son ni parecidos, excepto por el talento.

Slds

Sandra    



6:41 a.m.

Ivan, esta tontera de libro es un ataque a cualquier mente inteligente. Me sorprende que siquiera lo menciones y que le des palmaditas en la espalda a un libro de morbo barato, pornografia de incognito. Siendo un escritor serio, pense que no te darias el tiempo de hablar de cualquier "cosa" ue se publique. Supongo que tambien haras una reseña de "Busco Novia" y de cualquier otra pastruladita que se ponga de moda.

Lo mas triste es que con ese morbo barato esta chica recibe mas prensa y atencion que tu con tu novela reciente, que pensaba comprar, pero me convenciste compadre, mejor me compro sexografias y luego me pajeo. Si hasta tu dices que es tan bueno.

saludos.    



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