MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Faverón lo dice claro

Faverón se propone a sí mismo como diputado y decreta 10 cosas que deben morir en la literatura peruana. Fuente: puenteaéreo

Cuando estaba en el Viva América de Bogotá dos escritores colombianos, en distinto momento, me preguntaron: ¿Quién es ese Gustavo Faverón? Ambos estaban alucinados de haber conocido por Moleskine el blog de una persona tan lúcida y al mismo tiempo tan irritable contra persona que, incluso para los colombianos, no valían la pólvora que se gastaba en ellos. Yo me siento feliz de que mucha gente llegue a Puente Aéreo gracias a mi blog. Y no es una simple devolución de flores (porque Gustavo ha sido muy generoso con este blog ciertamente) sino realmente una verdad comprobable. Y si lo quieren comprobar, lean el estupendo post que colgó ayer sobre lo que le gustaría derogar de la literatura peruana. Vale la pena porque si cambian algunos términos ("andinos/criollos" por "excluídos/hegemónicos" o "capital/provincia" o "centro/periferia") estos males endémicos atañen a todas las literaturas del mundo. Aquí pongo solo un par de ítems, pero no se pierdan los demás:

7. Ponerle fin a la idea de que las tradiciones literarias peruanas son meramente beligerantes, opuestas, contradictorias e inconexas. El caso se ha dado con muchas máscaras disímiles: la poesía pura frente a la social, la elitista frente a la popular, la literatura neoindigenista frente a la urbana, la andina frente a la criolla, la social frente a la intimista, etc. Ninguna de esas inclinaciones existe enteramente ajena a sus contrapartes: Arguedas y Vargas Llosa no son entelequias que habitan dos mundos paralelos, entre Alonso Cueto y Miguel Gutiérrez hay muchas más cosas en común que las que los críticos suelen discutir; que la preocupación por el asunto de la violencia política sea común a ambos, por ejemplo, no es un producto del azar.

8. Reconsiderar la idea de que el realismo es la matriz nuclear de nuestra tradición narrativa. Incluso si suponemos que dentro de esa modalidad se han producido muchos de los picos de la literatura peruana, y sin duda una cantidad significativa de obras de importancia relativa, el simple ejercicio metódico de dar un paso al costado y buscar, en vez de la consolidación de esa idea, las posibilidades de subvertirla, puede arrojar un resultado valioso y un rediseño de nuestras ideas centrales sobre la tradición local. No son marginales, ni mucho menos, las obras narrativas de autores como Martín Adán, Diez Canseco, Durand, Clemente Palma, Scorza, Ventura García Calderón, Abraham Valderomar, Eielson, Arguedas, Colchado, Rosas Paravicino, y, más cercanamente, Alarcón, Castañeda, Prochazka, Güich, Neyra, Chávez, etc., todos los cuales han trabajado, entera o parcialmente, fuera del territorio realista. Entonces, ante el hecho mismo de su abundancia, ¿no cabría recartografiar el mapa de nuestra narrativa, considerando que las aparentes desviaciones y las salidas del código realista no son eso, no son excepciones, sino una serie de constantes vertebradas con tanta solidez como la tradición realista?

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3:24 a.m.

Felicidades por el Herralde.    



9:00 a.m.

¿Y dónde están esos escritores colombianos que leen su blog? Nunca comenta, ¿no?    



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