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Murió Francisco Ayala

Francisco Ayala. Fuente: ABC

Con la muerte, a los 1o0 años clavados, del antropólogo francés Claude Levi Strauss se cierra un ciclo más del siglo XX. Pero no es el último ciclo que se ha cerrado. Esta mañana falleció, a los 103 años, el escritor español Francisco Ayala. Parecía inagotable. "Testigo de un siglo" es lo que dicen las entristecidas notas de todo el país. Ayala, quien se ganó todos los premios literarios importantes del idioma. Entre sus títulos más destacados , se encuentran, La cabeza del cordero, (1949), Los usurpadores (1949), Historia de macacos (1954), Muertes de perro (1958), El jardín de las delicias (1971), De raptos, violaciones, macacos y demás inconveniencias (1982), De mis pasos en la tierra (1996), Cazador en el alba (2002). Así lo recuerda el ABC:

Un siglo de vida da para mucho, desde luego la de ser testigo de los avatares de toda una época, pero también la de ser partícipe de cambios abismales en la concepción estética del mundo. Bien puede decirse que, en este sentido, Francisco Ayala ha sido un privilegiado pues en cierto modo perteneció a la generación que, tras el ejemplo de Ramón, orteguianos ellos, cumplieron con mayor o peor fortuna el destino de las vanguardias para, luego, después de la segunda guerra mundial volver a una literatura de honda crisis moral para, más tarde, retomar aquellas ideas originales pero depuradas ya de sus gestos agresivos, de batalla, casi totalitarios, en suma. Sus libros cumplen con la ley de esta larga sombra que el siglo proyecta y alumbra luego. Comenzó con dos novelas de corte tradicional, «Tragicomedia de un hombre sin espíritu» e «Historia de un amanecer» para, enseguida, sumergirse en la vorágine vanguardista con «El boxeador y un ángel» y «Cazador en el alba», que cumplían con el canon orteguiano de la deshumanización del arte cuya lumbrera en el momento fue Benjamín Jarnés. En estos libros, sin embargo, frente al dinamismo obligado existe un lado sombrío que dio sus mejores frutos, de hecho nos hallamos ya ante el Ayala maduro, con sus libros posteriores, «Los usurpadores», «La cabeza del cordero, Muertes de perro», «Historia de macacos», «El fondo del vaso», es decir, sus obras más acabadas, aquellas que pertenecen también a su labor de traductor, aquella en la que vertió a un elegante español el alto estilo de la prosa de Thomas Mann y su «Carlota en Weimar», en una defensa apasionada del ideal liberal en los años sombríos de la guerra mundial y los años de la guerra fría, aquella época en que conoció muy bien a Jorge Luís Borges y que, creo, coinciden en lo que fue su cumbre como narrador. Luego, de esa inmersión en la corrupción moral del hombre, la obsesión temática en la que mejor desarrolló su personalidad, perfiló una intensa línea lírica en «El jardín de las delicias», libro donde, como en una pieza de relojería, se ensamblan la visión satírica y la lírica con esa tendencia objetiva que enlaza con sus años orteguianos. Ayala, testigo de un siglo crucial, sí, pero hacedor de muchos de sus logros. Se dice que siguió la mirada del siglo. Creo que en parte la hizo.

Por su parte, el diario El País hace rápidamente un monográfico en torno a Ayala. En la semblanza "La pasión y la inteligencia" Rodríguez Marco dice:

Un ramo de flores enviado por el cantante Joaquín Sabina con la leyenda "Gracias por tu ejemplo" resume el sentimiento de la mayoría de los que están acudiendo al tanatorio de san Isidro de Madrid para despedirse del escritor Francisco Ayala, fallecido esta mañana a los 103 años. Junto al ramo, entre muchas otras, se podía ver una corona enviada por Cristina Fernández Kirchner, presidenta de Argentina, país en el que Ayala se exilió en 1939. (...) El académico Juan Antonio Pascual, cuya candidatura fue presentada por el propio Ayala, ha recordado emocionado la figura de su colega fallecido: "Era inteligente refinado e incisivo. Hablaba mejor de lo que yo soy capaz de escribir. Ahora parece un cumplido pero es verdad. Ayala era garantía de inteligencia. Cuando regresó del exilio lo hizo sin encono. Dejó España con 33 años en la mejor situación de su carrera en el derecho y cuando tuvo que reciclarse como profesor de literatura se convirtió en uno de primera". Pascual ha mencionado que Ayala mantuvo su energía hasta el final: "Cuando no pudo leer ya en público, improvisaba sus intervenciones sin un solo anacoluto. Tenia algo tan difícil de conseguir como la autoridad, es decir, una mezcla de pasión e inteligencia." Su viuda, Carolyn Richmond, ha recordado, junto al poeta Luis García Montero, los últimos días del escritor: "Aunque perdió la voz se notaba que su mente seguía activa". Y añadió García Montero se fue apagando.

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6:16 a.m.

ANACOLUTO.- Falta de continuidad gramatical; cambio repentino de una frase para emprender una nueva construcción inconsecuente con la primera. Aunque es en general una falta de gente con muy escasos recursos culturales, puede ser también, y de hecho lo es, un recurso literario (“Si el partido en el poder ha degenerado en su ideología,…, pero no hablemos de esto”). El recordado Cantinflas fue (merecería ser) record Guiness de los anacolutos.
SACAPUNTAS NEBRIJA (Correctómano)    



2:47 p.m.

Según noticias procedentes de España, Granada, la jóven-ísima- Maria Saxe Drucki-Lubecki, estudiante del Instituto Padre Suárez-el mismo en el que estudió Don Francisco- mereció e premio al mejor relato, en el concurso que lleva el nombre del magnífico escritor-creador- Don Francisco Ayala. Saxe ofreció a Don Francisco tan codiciado galardón. Siempre lo llevaremos en la conciencia.    



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