MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

"excesos autobiográficos"

Wendy Guerra. Fuente: moleskine

Poner fotografías de Wendy Guerra (como la que coloco en este post) sería suficiente razón para capturar cualquier noticia de ella y comentarla en Moleskine Literario. Pero si además la noticia es una buena reseña en "Babelia" a su novela Nunca fui primera dama (Brugera) se justifica aún más la foto y la felicitación a mi recordadísima compañera de Bogotá 39. Dice la reseña de Nora Catelli dice que la novela comete algunos "excesos autobiográficos" y me queda la intriga: ¿Es o no una novela autobiográfica? Y si lo es: ¿Cómo puede tener excesos autobiográficos una novela autobiográfica? En fin, la próxima vez que pase por España me consigo el libro y me quito la duda.

A pesar de su variedad de recursos -evocaciones, diálogos, poemas, canciones, apuntes de diarios o encuentros intencionadamente melodramáticos- esta vez el desarrollo en torno del yo que se expone tiene más de crónica que de relato de aprendizaje. La figura central es Nadia Guerra, ente itinerante, nexo entre continentes, ciudades y edades. Ante amigos, amantes, testigos, aliados, París, Miami, en el sur de Francia o Rusia, se interrogará por dos ancestros femeninos, modelos cubanos fracasados y a la vez ideales. La novela es la historia de esa pregunta que sitúa a la narradora respecto de sus mayores, ambas personajes reales de la vida política y cultural cubana de los últimos cincuenta años. La primera es Celia Sánchez (1920-1980), la revolucionaria santa, la que tuvo "potestad para hacer" ante Fidel "lo que a nadie más se le hubiera permitido". La imagen contiene, colectiva y políticamente, el aura mística y entregada de la Cuba utópica y fallida: "Celia conoce personalmente a Fidel en febrero de 1957, es decir, casi cuatro años después del asalto al cuartel Moncada, ¿Que a partir de este encuentro su dedicación a Fidel aumentará hasta lo inconcebible?" No fue la única, dice la narradora, para agregar: "Y por estas razones, ya habiendo triunfado la Revolución, Celia se convierte en la figura femenina con más alta jerarquía moral y política del país, sin que nadie cuestionara esa posición, sólo superada por Fidel y Raúl Castro. Y así fue hasta su muerte". A pesar de que el relato parezca preguntarse por el sentido de esta entrega, de este derroche, Celia Sánchez permanece impenetrable, tal vez inútil, como si en el fondo no fuese posible volverla interesante. En cambio, como ya sucedía con la madre en Todos se van, Albis Torres (madre de Wendy Guerra), artista, poeta, animadora cultural en la sociedad literaria de varias generaciones cubanas, contiene todos los atributos del personaje seductor: patético y derrotado a la vez que enigmático y resistente. Su retrato combina múltiples procedimientos. Los casi periodísticos de la biografía, que se escribe con giros convencionales: "Fue una brillante corredora de fondo, aglutinó a un grupo de artistas que hoy forman parte de la intelectualidad cubana activa dentro y fuera de Cuba". Después existe la evocación íntima, por ejemplo, en la anécdota de los libros "forrados" para prevenir la delación: "Cuando conocí a Eliseo Diego" (el célebre poeta cubano) "yo tenía ocho años y le pregunté a mi madre: ¿mami, él escribe libros forrados?". Por último, Albis Torres, en su decadencia final, suscita la compasiva atención de la hija y la novela se prodiga en una sentimentalidad directa: "Cada día duermo a mi madre como a una niña. Le canto en la cama, leo algo que le guste para que no se le olvide mi voz. Sé que todo está perdido, vino a morir aquí, piensa que soy su hermana". ¿Para qué reconstruir el itinerario de los dos fracasos? Aquí el objetivo parece más bien reforzar el carácter casi icónico del personaje de la escritora que mostrar el complicado derrotero de sus antecesoras. Casi podría pensarse que esta novela utiliza de ese modo la interrogación compulsiva -común a mucha literatura de la isla al menos desde los años ochenta del siglo XX- acerca de la responsabilidad de las distintas generaciones en la Cuba revolucionaria. Sin embargo, más allá del exceso autobiográfico, Nunca fui primera dama hace patente la fascinación por esa identidad marcadísima en que consiste su historia y la incomodidad ante una herencia tan pesada como insoslayable. -

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4:40 p.m.

No me hagas caso, pero piénsalo, la mesa esta servida en nuestro reducto. No para cualquiera, Solo para Locos.    



5:30 p.m.

AASuUU!!!, yo siempre lo dije en mi soledad de lector de blogs: la Wendy Guerra es un cuerazo. Que esperas Ivancito, o no tienen nada en comun???

Todo lo que escriba Wendy Guerra para mi es extraordinario y ademas fantastico (creo que no necesito leerla....)    



7:59 p.m.

Espectácular la Wendy Guerra, sí, y sale aún mejor en una foto semi desnuda que le hizo Mordzinsky.    



10:23 a.m.

Excelente pregunta -y por supuesto, excelente foto. Me hubiera encantado que me regalen a alguien así en vez de darme aire-; tal vez sea porque al sujeto que hizo la reseña le pareció que estaba leyendo más una biografía que una cosa novelada, y que no le gusta el exceso de veracidad de las páginas...Quién sabe.    



5:55 p.m.

de acuerdo! excesos autobiográficos es un comentario imposible!!    



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