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Más sobre ciencia ficción

El futuro más acá en América Latina. Fuente: mncars

Como una respuesta al artículo sobre la muerte de la ciencia ficción, publicado en el último número de Babelia, Antonio Córdoba escribe en el ADN.es una refutación en la que declara: "Quienes apuntan al agotamiento del género en el ámbito anglosajón ignoran otras tradiciones que no necesitan del futuro o la tecnología para producir textos fascinantes". En cierta medida, sin embargo, le da la razón al artículo:
Idea repetida una y otra vez últimamente hasta hacerse tópico: la galaxia de la literatura de ciencia ficción se apaga. Los grandes autores de la tradición anglosajona se mueren o abandonan el género para dedicarse a algo distinto, como han hecho William Gibson, Bruce Sterling, Neil Stephenson, Dan Simmons o Kim Stanley Robinson. La última novela de Simmons, El terror, ofrece una imagen útil para describir la situación del género: en el marco de una empresa de exploración decimonónica un barco ha quedado inmovilizado entre eternos hielos árticos, y desde la oscuridad una criatura fantástica llega para devorar uno a uno a todos sus marineros. Si acertara Ursula K. Le Guin al definir la ciencia ficción como la literatura que emplea el futuro como metáfora, y si acertara William Gibson al decir que el futuro ya está aquí, se podría concluir que la viabilidad de la ciencia ficción efectivamente ha terminado. Para que una metáfora funcione ha de haber distancia entre los términos que se conectan. A un presente que también es futuro, éste no le sirve de espejo.

Pero para salver esa crisis propone ampliar el espectro de lo que es ciencia ficción a un tipo distinto de obras, que no cumplen con los requisitos anglosajones, y que estaría "vivita y coleando" en América Latina:
Pero podría decirse que frente a la tradición anglosajona, presuntamente convencida de la necesidad en mayor o menor grado de la tecnología como ingrediente, hay otras posibilidades a la hora de escribir ciencia ficción. Otras tradiciones a las que asomarse. Borges, sin ir más lejos, crea en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius (1940) todo un mundo nuevo por medio de palabras. Para que surga ese planeta no hace falta ni ciencia ni tecnología, simplemente el deseo de escribir. Y lo que el propio Borges hace es escribir un cuento de ciencia ficción en el que cuidadosamente se elude ésta, para escribir por el contrario una parodia de ciertas corrientes filosóficas. La ciencia ficción no viene del laboratorio, sino de la biblioteca. Así, quien busque una manera de revitalizar el género, puede asomarse a una tradición que Borges inagura, una tradición períferica, la latinoamericana, que piensa que la ciencia ficción es simplemente ficción: un conjunto de convenciones literarias, personajes y situaciones tópicas, y textos canónicos que se pueden reescribir de forma inmediatamente reconocible

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1:56 p.m.

Los redactores de apresuradas lápidas suelen carecer de crédito cuando no de lecturas.
Ygdrasil, de Jorge Baradit, es una refinición sudaca del género que lamentablemente se pierden los que no leen en lengua espagnola.    



4:59 p.m.

Es innegable que, cuando se suele hablar de ciencia ficción, lo primero que viene a la mente es el nombre de algún autor o película de origen anglosajón. Sin ir muy lejos, en Perú es más fácil hallar cualquier novela de Isaac Asimov que "Mañana las ratas", de José B. Adolph.
Cabe precisar que la opinión según la cual el futuro "ya está aquí" peca de ingenua: ¿acaso hemos hecho contacto con seres extraterrestres? ¿hemos colonizado otros mundos? ¿hay robots que circulan por las calles haciendo las tareas más pesadas? Al contrario, nuestro presente está lleno de atraso, y en latinoamérica, acaso valdría más hablar de "deficiencia ficción" que de otra cosa. Los niños alemanes juegan con robots de LEGO, los niños puneños mueren de frio a causa de las heladas.
Con lo que estoy plenamente de acuerdo es con la idea de otras tradiciones de ciencia ficción que no necesitan del futuro o la tecnología, que curiosamente tuvieron una breve floración aquí en Perú a consecuencia del paso del cometa Halley en 1910, que originó algunos cuentos de índole catastrofista.    



5:03 p.m.

Buena intervención de Cienfuegos. Ygdrasil se vendió el año pasado en la FIL, aún está pendiente de lectura por mi parte.    



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