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Simenon y Camus

George Simenon. Fuente: AP/The guardian

Nunca se me hubiera ocurrido unir a Albert Camus con George Simenon. Pero sí se le ocurrió a Paul Theroux. Para él, la novela de Camus El extranjero -a la que considera sobrevalorada- es asombrosamente similar a la de George Simenon La viuda Couderc (de la que existe una película con Alain Delon y Simone Signoret), ambas publicadas en 1942. En un artículo que reproduce el suplemento ABCD Cultura, Theroux no reprime halagos a favor del prolífico escritor belga George Simenon a quien considera injustamente relegado de la "literatura seria" por ser exitoso y abundante. Primero comenta la verosimilitud del mito Simenon:
Es probable que las cifras más inverosímiles asociadas con Simenon sean ciertas, y las aproximadamente cuatrocientas obras de ficción que afirmaba haber publicado son comprobables. Ciento diecisiete son novelas serias, el resto son maigrets y libros escritos con pseudónimo. Dejó el colegio a los trece años para hacerse reportero. Los hechos que se asocian con él adoptan una forma tan extravagante que parece una víctima de sus propias estadísticas fabulosas: las numerosas novelas, los quinientos millones de ejemplares vendidos, los cincuenta y cinco cambios de domicilio, y su farol frecuentemente citado de que se había acostado con diez mil mujeres. (Su segunda mujer situó la cifra en «no más de mil doscientas».) Quizá no sorprenda que un ejemplo tan extraño de energía creativa no se estudie seriamente (aunque exista un Centro de Estudios George Simenon en la Universidad de Lieja). Aparte de la exclusión del Nobel, Simenon no se sentía desairado. Afirmaba que «escribir no es una profesión, sino una vocación de desdicha». [...] Aseguraba que como belga era un hombre sin país.

Y luego compara ambas novelas, a favor del belga:
Al describir esta alma perdida y sus actos desesperados, Simenon estaba reflejando el fatalismo de su época. Escribió el libro en un periodo oscuro, en la costa francesa (al final de la obra aparece el nombre de Niel sur Mer como el del lugar de su escritura, cerca de La Rochelle). Francia estaba en guerra, la ocupación alemana no estaba lejos, y el día del juicio final parecía inminente. En esa guerra incierta, sólo la violencia o un acto de pasión daban sentido al paso del tiempo. Como Mersault, Jean va directo a una ejecución segura (la idea de ello se le presenta en el último tercio de la novela), y es el autor de su destino. Ha penetrado en un escenario idílico sin darse cuenta al principio de que no era idílico en absoluto, sino un paraíso que se ha convertido en un pozo de serpientes y de corrupción que se corresponde con su propia pérdida de la inocencia. Al releer la novela, uno se da cuenta de que (como sucede con la mayoría de las novelas de Simenon) Jean estaba condenado desde el primer párrafo, cuando caminaba entre las sombras. Y nos resulta fácil comprender por qué a Simenon le indignó tanto que Camus ganara la lotería sueca: porque, novela tras novela, Simenon dramatizaba el mismo tipo de dilema, la vida con escasas opciones (pero siempre con sutiles diferencias de trama, tono, lugar y efectos), los riesgos que asume un hombre que no tiene nada que perder, su vanidad, su osadía, su deliberada autodestrucción. Antes, Jean anhelaba un compromiso, y que interviniera el destino, pero cuando reflexiona sobre ello (y al final consigue su deseo), «Quería algo definitivo y final, algo que no ofreciera posibilidad de retirada»; Simenon parece estar hablando consigo mismo, y enviando a la muerte a otro de sus personajes en un mundo sin finales felices.

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6:31 a.m.

Me gustaría comentar desde mi cuenta blogger, pero tengo esporádicos problemas con ella. Bueno, me alegra mucho que de a pocos se empiece a valorar la obra del extraordinario George Simenon. Por haber sido un autor de la tradición del folletín decimonónico y uno de los precursores de las novelas-series (me refiero en especial a Maigret), cosa que lo conectaba a la perfección del gran público lector (los de kiosko), es que no se le tomó tan en serio en los reputados círculos literarios.
Aparte de las novelitas del inspector Maigret, Simenon tiene novelas de las llamadas serias, se me viene una a la mente, la cual recomomiendo: El hombre que miraba pasar los trenes.
En la solapa de esa novela, editada hace años por Tusquets, puede leerse un comentario de Gabriel García Márquez, quien dice que Simenon es uno de los más grandes escritores, en todo sentido, del siglo XX.    



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