MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

"Mi vida es mi catálogo"

Christian Bourgois. AFP. Fuente: lesoir.be

La muerte de Christian Bourgois ha dejado desolado a muchos que admiraban al gran editor francés. Entre ellos a Jorge Herralde, quien leyó en la FIL Guadalajara el discurso en homenaje al Bourgois con motivo de habérsele entregado el Reconocimiento al Mérito Editorial que, como se sabe, no pudo recoger el mismo Bourgois por estar hospitalizado. En el discurso, gentilmente enviado por Anagrama y que coloco en el blog de notas, Herralde comenta la frase de su amigo: "Mi vida es mi catálogo". Un bello epitafio.

Dice el discurso: "En el caso de Christian, nuestra amistad ha ido creciendo desde entonces, nos hemos encontrado en incontables lugares y ocasiones. Destacaré un rito sagrado: cada año, el viernes de la semana del Salon du Livre, Christian y Dominique “reciben” en su bello y espacioso piso de la rue Talleyrand, “tapizado” con cuadros abstractos de gran formato e innumerables estanterías y pilas de libros, a unas veintitantas personas, en una cena muy informal. Se trata de algunos amigos y familiares, periodistas culturales amigos, así Nelly Kapriélian y Fabrice Gabriel, de Les Inrockuptibles, o Michel Braudeau, director de La Nouvelle Revue Française, y los autores de Bourgois del país invitado al Salón. Como colegas fijos, Inge Feltrinelli, Lali y yo, y más esporádicamente Klaus Wagenbach, Morgan Entrekin, o el superagente Ed Victor. Entre otros muchos autores hemos compartido cena con Allen Ginsberg, Lobo Antunes, Martin Suter, Tabucchi, Vila-Matas o Bolaño, y también con personajes singulares, como Malcolm McLaren, el “inventor” de los Sex Pistols (que quería “vender” su autobiografía, no escrita entonces ni ahora, bastantes años después), o Sonia Rykel, cuya hermosa tienda de modas, en el Boulevard Saint-Germain, exhibe unos escaparates en los que se encuentran siempre los libros más sofisticados, exquisitos y secretos. Y, hablando de familiares, una mañana vi al extenso clan de Christian Bourgois en todo su esplendor. Hace unos años, Jacques Chirac, el presidente de la República francesa, le impuso la condecoración de Commandeur de la Légion d’Honneur en el palacio del Elíseo. Fue una ceremonia solemne, con varios condecorados en diversos grados, y Chirac, con la mejor retórica francesa, dedicó a cada uno su particular discurso. Por cierto, Chirac había sido condiscípulo en Sciences-Po de Bourgois, quien, con cierta coquetería, decía que Chirac fue el tercero de la clase y él el segundo. En el acto estaba, como he dicho, toda la extensa familia de Christian, sus varias esposas, hermanos, hijos, hijas, nietos, nietas, e Inge Feltrinelli, Lali y yo como amigos adosados.

(...)

Además de nuestra relación amistosa, la sintonía editorial es muy evidente, son muchos los autores comunes que hemos publicado. Así, el trío de la generación beat, Ginsberg, Kerouac y Burroughs, y el cuarto mosquetero, Cassady, el D’Artagnan casi ágrafo, la “musa” de todos ellos. También Fante, Brautigan y Patti Smith, o Saki, Martin Amis, Kureishi y Anthony Powell, con las doce novelas de su espléndida Una danza para la música del tiempo, o nuestro querido Gombrowicz. Y tantos otros, como dos personajes tan singulares y geniales como Copi y Topor, que fueron mis primeros contratos con Christian Bourgois; luego ha sido él quien ha adquirido los derechos de tantísimos autores de Anagrama. Por eso, aquí, en Guadalajara, quiero destacar especialmente su vinculación con la literatura en lengua española, que empezó en los primerísimos sesenta con El coronel no tiene quien le escriba, de un casi desconocido García Márquez, y en 1966 con Borges. Pero ha sido en los últimos diez años cuando dicha presencia se ha intensificado hasta el punto de que el sello Christian Bourgois puede considerarse el más atento a nuestras literaturas, y posiblemente el más sagaz, de toda la edición internacional. Así, encontramos a autores como Pombo, Vila-Matas, Tomeo, Barba, Alberto Méndez o los latinoamericanos Bolaño y Alan Pauls, todos ellos propuestos por Anagrama. Y también a Vázquez Montalbán, Juan Marsé (y muy pronto su hija Berta), Isaac Rosa, o Piglia, Aira, Fadanelli, Solares, Prieto, Tabarovsky. O bien Atxaga y Cabré, traducidos del euskera y del catalán, y si nos desplazamos a Portugal, nada menos que Pessoa y Lobo Antunes. No quiero dejar de comentar que, en una entrevista reciente, Christian subrayaba que Vila-Matas y Bolaño eran dos de las glorias de su editorial, y que “la publicación próxima de 2666, la gran novela póstuma de Bolaño, un libro de más de mil páginas, es para mí un privilegio inmenso”.

Etiquetas: , , , , ,

« Home | Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »

» Publicar un comentario