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Volpi: escribir tras la demolición

World Trade Center. Foto: Stuart Ramson. Fuente: elmundo

¿Se puede escribir tras la demolición? ¿Es la literatura tan solo un divertimento o tiene alguna función social para la civilización? Esas preguntas son las que se hace Jorge Volpi en "Babelia" y cita a comparecer en su alegato en defensa de la literatura a esa atractiva lista de escritores norteamericanos que escriben sobre el terrorismo en EEUU.

Dice Volpi: " la vez romántica y pragmática -la literatura como producto del espíritu, ajena a las desavenencias terrenales, o la literatura como diversión de burgueses dominados por la culpa-, esta visión naufraga. Como la agricultura, la tecnología o las leyes, la literatura es un producto de la evolución: pertenecemos a la única especie que utiliza la cultura como principal arma de supervivencia. La literatura no es una invención casual ni un divertimento, sino un vehículo de transmisión de ideas e historias que tienen efectos reales en ciertos individuos -los lectores-, y por tanto en la sociedad. Enterrado el comunismo y desacreditadas las utopías -con razón a la luz del siglo XX-, parecería que toda literatura que guarde algún tufo a compromiso debe ser ignorada y despreciada. El intelectual es visto con sospecha y las novelas políticas apenas reciben atención. Los estropicios del realismo socialista y la Revolución cubana justifican este rechazo, pero quizás valga la pena apostar, como lo han hecho brillantemente Bolaño o Coetzee, por una ficción política no sectaria. La perspectiva que la literatura puede ofrecer sobre los conflictos que dominan al mundo -y subyugan a millones- no debe ser intrascendente ni banal.

No es extraño que tantas novelas hayan pretendido abordar una de las preguntas capitales de nuestro tiempo: ¿por qué alguien se convierte en terrorista y, más aún, en suicida? El mal absoluto representado por los pilotos del 11 de septiembre -epítomes de los miles que se inmolan de Marruecos a Indonesia- no halla explicaciones claras en la psicología o la sociología y sólo la ficción es capaz de entrever las razones de estos monstruos (¿lo son?). Updike, Khadra, Safran Foer, Flanagan, Berberian o DeLillo se han enfrentado ya a este desafío. Sus esfuerzos no han resultado del todo convincentes, como si el martirio y la sinrazón religiosa no fuesen expresables mediante las convenciones de la novela contemporánea, pero sus fracasos no deben clausurar la empresa (Conrad o Dostoievski lo lograron en el pasado, e imagino que alguien como Ishiguro podría mostrar, con sutileza y paciencia, las torturas íntimas de los verdugos). A diferencia del análisis político o económico, la novela desmenuza las vidas de individuos concretos. Acaso sólo a través de ellos podamos atisbar qué hace que un ser humano destruya sin misericordia a otro ser humano. Ésta sigue siendo una de las grandes tareas de la ficción literaria, que no sólo aspira a la belleza y a la comprensión de los otros, sino a nuestra supervivencia."

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4:58 a.m.

Volpi acierta en el papel de la literatura, lejana ya del panfleto o de convertir al libro en un arma. El ser humano en toda su extensión es el gran tema-reto de la actualidad; no desde una literatura escapista (¿habrá algo así?) sino desde la descripción y la narración comprometida con la supervivencia y la belleza.
saludos.    



7:25 a.m.

¿No será un deseo inconsciente de autoelogiarse eso de “La literatura no es una invención casual ni un divertimento, sino un vehículo de transmisión de ideas e historias que tienen efectos reales en ciertos individuos -los lectores-, y por tanto en la sociedad”.
¿Qué influencia ha tenido en la sociedad peruana “Conversación en la Catedral”? Creo que cero. No hay que olvidar que el punto de vista contrario, nula influencia de la literatura en la sociedad, también ha sido esgrimido en múltiples ocasiones (no me da la memoria para mencionar una).    



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