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Sobre los best sellers


[EL ESCORPION] No tengo nada contra los best sellers, sean estos libros de auto-ayuda, novelas históricas, policiales o thrillers psicológicos. Al contrario, a veces hay que agradecer a estos super ventas el que gracias a sus ganancias tan sorpredentes, algunos editores puedan darse el lujo de publicar autores raros, difíciles, o incluso oscuros, que resultarán sin duda una pérdida económica pero nunca literaria. El suplemento "Babelia" le dedicó su último número al fenómenos de los best sellers históricos españoles como Matilde Asensi, Carlos Ruiz Zafón, Julia Navarro, Javier Sierra e Ildefonso Falcones, quienes han empezado a exportar con éxito sus ficciones. Todo bien. Sin embargo, también estoy de acuerdo con Alejandro Gándara quien en su blog "El escorpión" ha subrayado lo desatinadas que fueron las declaraciones de David Trías, editor de Randon House, en el suplemento.

Dijo, por ejemplo: "Los lectores buscan lecturas acordes a los tiempos que corren: rápidas, ágiles, divertidas y donde aprendan". Y Gándara se pregunta en qué momento el mundo cambió de ser un lugar lleno de guerras, terrorismo, crisis económica, analfabetismo, desnutrición, pobreza extrema, etc. y pasó ser "ágil y divertido".
Luego, Trías declara que estas novelas: "Surgen de un cansancio de los lectores frente a novelas sesudas y densas, y al agotamiento del tema introspectivo y que urde (sic) en la condición humana. Ha habido una literatura exigente que ha pecado de cierta soberbia y eso ha ahuyentado a cierto tipo de lectores que han acabado buscando otras cosas".
Gándara toma esa frase irónicamente y replica: "Cierto tipo de lectores (que a tenor de la diáspora deben de ser millones) han acabado estragados de tanto leer a James, Proust, Faulkner, Robert Walser, Bernhard, Pynchon, y eso después de los atracones históricos de la Biblia, los trágicos griegos, Dante, Baltasar Gracián, Voltaire, Goethe y demás. Es que los lectores también se cansan y no aceptarlo es un acto de soberbia, tan propio de los creadores, tan remisos ellos a coger el paso de estos tiempos rápidos, ágiles, divertidos, estudiosos".

Hace unas semanas comentó Gustavo Faverón el disgusto que le causa al director de teatro Alonso Alegría la palabra "vanguardismo" o "experimental". Parece que a algunas personas les resulta imposible aceptar que el hecho de que un artista o escritor decida hacer un arte más exigente, oscuro o incluso críptico no se debe necesariamente a un acto de "soberbia" sino a una necesidad de expresión distinta, pero absolutamente válida. Por lo demás, tanto del lado de los "experimentales" como del lado de quienes no lo son existen riesgos. En el caso de los "experimentales" el riesgo no es el de hacerse ininteligible, como podría creerse, sino intrascendente. En el caso de los otros, el enorme riesgo es que su aparente didactismo o entretenimiento demuestre en realidad una absoluta falta de profundidad. Es decir, por querer ser sencillo desnudarse como simplón.

En la foto, el editor David Trías cuestionado en "El escorpión".
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