MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Erling Jepsen reseñado

Erling Jepsen. Fuente: politiken.dk

El arte de llorar a coro es la primera y exitosa novela del dramaturgo danés Erling Jepsen, que ha editado Lengua de Trapo. La historia está narrada por Allan, de 11 años, quien vive a finales de la década de los sesenta en un pequeño pueblo danés del sur de Jutlandia. No he leído la novela, pero al parece sería una especie de Un mundo para Julius danés, clasemediero y algo crecido, pero igualmente conmovedora. Mercedes Monmany, quien califica esta novela como "perturbadora y divertida", hace una reseña de la novela en el suplemento ABCD Las letras. Dice la reseña:

El autor, Erling Jepsen, ha conseguido modular de una forma magnífica, absolutamente creíble y espontánea, la voz ingenua de un niño de lealtades apasionadas e irrenunciables, que vive aún instalado en el limbo o caos primigenio de la inocencia. Terco como un mulo, travieso como los críos de imaginación calenturienta y desbordada, Allan, bajo la protección de un altar mestizo y pagano que ha montado en la cabecera de su cama, una divinidad mezcla de Tarzán y Arcángel San Gabriel, se ha propuesto una tarea que lo tiene ocupado todo el día. El objetivo número uno de Allan es «poner un poco de equilibrio en todo esto». «Todo esto» es la familia. Es decir, su misión consiste en que su familia se mantenga unida y, sobre todo, en que el ser al que más ama y admira en este mundo, su padre, un pequeño demonio casero, lechero de profesión, de faz ambigua, como casi todo en esta novela, esté tranquilo y contento: «Si todos se vuelven contra papá, aquí no se puede estar; él se pone cada vez más intratable; también con mamá, ella lo sabe». Levantar el ánimo. Porque el padre de Allan, y eso lo llena de orgullo, «tiene el poder de las palabras». Una cualidad por la que ha logrado en su pequeño pueblo el respeto e incluso la estima, dependiendo de los momentos. Cuando hay un funeral, él es el encargado de pronunciar un panegírico en honor del difunto, incluso de los más aborrecidos, hasta conseguir arrancarles el llanto a todos: «En sus mejores días es capaz de llegarle a la gente al corazón con unas pocas y simples palabras y hacer llorar a todo el mundo». Con él, Allan forma un equipo imbatible, al que se recompensa a la salida: al padre, con puros; al más pequeño, con caramelos. La función consiste en que al llegar al cénit del discurso, Allan se apoya dulcemente en su padre, con la cabeza ladeada, mientras entorna sus grandes y bellos ojos azules. Normalmente no falla y la gente se pone a llorar desconsolada. Pero el equilibrio nervioso de su padre es una materia altamente sensible, y Allan sabe que para «levantarle el ánimo» y que se reconcilie con su voluble autoestima deben cumplirse algunas condiciones.

Por cierto, existe una versión cinematográfica de la novela realizada por Peter Schønau Fog.

Etiquetas: , , ,

« Home | Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »

» Publicar un comentario